La financiarización de la naturaleza


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En el 2008, un puñado de bancos de inversión y aseguradoras estadounidenses generó uno de los cataclismos económicos más grandes de la historia. El suceso, que empezó con el estallido de una burbuja inmobiliaria generada por operadores financieros a través de las famosas “hipotecas basura” o “subprime”, y que terminó dejando a cientos de millones de personas alrededor del mundo sin casa y sin empleo, dejó en evidencia el enorme poder destructivo de las finanzas y sus entramados institucionales. Desde ese momento, el fenómeno de la “financiarización”, entendido como la tendencia a priorizar cada vez más las utilidades percibidas por “canales” financieros sobre las percibidas a través de la producción de bienes, ha pasado a ser de mucho interés para las ciencias sociales. Si bien es un tema complejo sobre el que aún hay mucha discusión y pocos consensos, lo que sí es claro es que los instrumentos, conceptos y lenguajes financieros han invadido casi todos los aspectos de la vida.

Bienes fundamentales para la reproducción social como pensiones, salud, vivienda y educación, se introducen cada vez más en circuitos financieros internacionales a través de diversos instrumentos que son transados por todo tipo de intermediarios en bolsas, bancos y otras instancias, generando rendimientos que se abstraen progresivamente de las circunstancias reales de producción. Es decir, la brecha entre el ruidoso y corpóreo mundo de la producción y el abstracto mundo de las finanzas parece ser cada día mayor, al punto que el dinero deja de cumplir su función como representación del valor de los bienes y pasa a convertirse en un bien en sí mismo. Esto genera distorsiones sumamente graves en la mentalidad de los agentes económicos, pues se empieza a priorizar la inversión en apropiaciones (ej. títulos de deuda, rentas, derivados financieros) sobre la inversión en la producción (ej. relojes, bicicletas, postres). En otras palabras, se empieza a construir una sociedad donde la fantasía es más importante que la realidad.

Desafortunadamente, los recursos naturales no han sido ajenos a esta tendencia, especialmente a raíz del incremento global en los precios de las materias primas que se ha venido presentando desde principios de siglo, jalonado por tasas crecientes de industrialización en economías emergentes (particularmente China e India). Tal incremento en la demanda, sumado a los efectos colaterales negativos -tanto sociales como ambientales-, de la sobreexplotación de los recursos naturales, ha generado mucha expectativa en los mercados sobre la escasez futura de dichos recursos. Esta expectativa es el factor que más ha contribuido a la financiarización de recursos naturales, pues ha incentivado todo tipo de desenfrenos especulativos donde los actores financieros hacen sinnúmero de cálculos, transacciones y proyecciones con base en fluctuaciones futuras o esperadas de los precios. Así, un estudio reciente[1] sobre este tema demuestra cómo no sólo ha habido un aumento considerable en la participación de actores financieros involucrados en los mercados de recursos naturales, sino también un aumento en el porcentaje de derivados de recursos naturales sobre el total de derivados transados. De acuerdo con dicho estudio, entre el 2004 y el 2007 el valor bruto de los derivados de materias primas en mercados extrabursátiles[2] (Over the Counter –OTC) pasó de USD 176 a USD 690 billones, representando un incremento de 2.8% a 6.2% del total de instrumentos transados.

Lo verdaderamente preocupante de este fenómeno es que ha desbordado el ámbito financiero e incluso comercial, empezando a contagiar a quienes realizan la extracción de los recursos. Hoy en día las compañías mineras y energéticas se asemejan más a bancos de inversión o a corredoras de bolsa que a lo que realmente son. Las estrategias corporativas e incentivos de este tipo de compañías se han distorsionado a tal punto que algunas de ellas perciben más utilidades por sus actividades financieras que por la extracción de recursos, su verdadero rubro. Se ha vuelto entonces común ver empresas mineras haciendo todo tipo de publicidad en las bolsas de Toronto o Londres por el hecho de haber encontrado un yacimiento, o de haber obtenido una licencia de exploración en algún país del sur global, con el fin de atraer inversionistas que compren sus acciones, bonos y demás productos financieros bajo la promesa de una extracción futura.

Los efectos negativos de esta financiarización son diversos, pues tal como sucede con las burbujas inmobiliarias, se tiende a generar demasiada expectativa en los mercados y los precios suben artificialmente, lo cual resulta en mayor competencia entre empresas y mayor presión sobre ecosistemas, territorios y comunidades locales. Además del acaparamiento de tierras y degradación medioambiental que esto conlleva en países del sur, estas compañías también tienden a defraudar a sus inversionistas en países del norte, pues muchas veces logran atraer mucho dinero por vías financieras sin extraer un gramo de mineral de la tierra, y cuando entran en quiebra (por falta de licencia, acciones jurídicas o resistencia social entre otros), no responden por el dinero que ya han captado del público, como en el caso de Bre-X Minerals en Indonesia. Los efectos culturales de este fenómeno son quizás más graves aún, pues los operadores financieros, quienes en vez de producir bienes para satisfacer las necesidades humanas se dedican a producir espejismos, se han convertido en verdaderos modelos a seguir para las nuevas generaciones. “Inside Job”, un documental de 2010, retrata el estatus de estrellas de rock que han alcanzado los corredores de bolsa, y lo alejada que se ha vuelto su actividad del mundo material de la producción.

Pese a haber sido escritas hace más de un siglo, las palabras de Feuerbach en “La Esencia del Cristianismo” constituyen una poderosa descripción de la realidad actual, pues advierten que cuando se empieza a preferir el signo frente a lo que se significa, la copia frente al original, y la representación frente a la realidad, la verdad se convierte en algo profano y la ilusión adquiere el carácter de sagrado. Por este motivo, la ecología política enfrenta hoy grandes desafíos, pues debe ser reflexiva frente a esta cultura del espejismo que hoy nos aqueja para así lograr una mayor comprensión de las geografías de exclusión, marginalidad y depredación ambiental contemporáneas.

Martín Arboleda

Abogado


[1] Ver: Kaltenbrunner, Annina; Newman, Susan; Painceira, Juan Pablo. 2012. “Financialisation of Natural Resources: A Marxist Approach”. El estudio fue presentado en la novena conferencia anual “Developments in Economic Theory and Policy”, Bilbao (España).

[2] A diferencia de las transacciones bursátiles, las OTC se hacen entre las partes directamente, sin mediación de un tercero.

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