Los oscuros lazos políticos y económicos de los escépticos del cambio climático


IPCC

El pasado 27 de septiembre el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de la ONU publicó un resumen con las principales conclusiones del Quinto Informe de Evaluación (AR5), el cual será difundido en cuatro etapas desde octubre a noviembre de este año. Lo más destacado de este nuevo informe, y el principal cambio desde el AR4 el 2007, es que gracias a nuevos avances tecnológicos y nuevas mediciones, ahora es posible observar una clara influencia humana en el cambio climático. En palabras del director general del IPCC, Rajendra K. Pachauri: “la evidencia del impacto humano en el cambio climático es ahora incontrovertible” (The Guardian, 2013). Estas afirmaciones representan un gran avance en materia ambiental, sobretodo viniendo de un organismo que, por representar el pensamiento científico de cientos de expertos a lo largo del globo, tiende a ser bastante conservador. El llamado general de las Naciones Unidas es a dar por concluida la discusión sobre el cambio climático y a avocarnos cuanto antes a la acción para mitigar sus efectos.

No obstante, en medio de este nuevo panorama, donde se abre la posibilidad de un consenso mundial, hay científicos que todavía estipulan que los cambios climáticos observados son naturales, que no hay responsabilidad humana asociada al cambio climático, ni ninguna buena razón para mitigar las emisiones de carbono[1]. Estos son los aquí denominados “escépticos del cambio climático”, su discurso es tremendamente efectivo. Los medios de comunicación de la derecha conservadora, como por ejemplo la compañía noticiera FOX y la revista Forbes, citan constantemente a estos autores y propagan sus argumentos convenciendo a parte importante de la población mundial de que la influencia humana en el cambio climático es todavía discutible y/o imposible de probar. Otros medios de comunicación como la BBC o La Segunda en Chile, explican la postura del IPCC y luego le dan un importante espacio a los escépticos, generando así la impresión de que existe cierto balance en la comunidad científica entre quienes afirman y aquellos que niegan la responsabilidad humana en el cambio climático.

Los principales críticos del IPCC se han agrupado en una pequeña organización con pretensiones de ser su legítima contra-cara: El Panel Internacional No-gubernamental sobre el Cambio Climático (NIPCC). Este panel produjo, días antes de las primeras publicaciones del IPCC, un informe titulado “Cambio Climático Reconsiderado II: Ciencia Física”. En dicho documento se niegan todos los descubrimientos sobre calentamiento global de las últimas décadas, incluyendo las principales conclusiones del IPCC. Se afirma, con aparente base científica, que incrementar el CO2 en la atmósfera “enverdese” el planeta y ayuda a alimentar a la creciente población mundial; y que no hay ninguna correlación entre el calentamiento experimentado en las últimas décadas y las emisiones de CO2. Se niega que el planeta se esté efectivamente calentado y de hecho se predice cierto “enfriamiento global” en un futuro cercano.

NPICC

Los escépticos y los medios de comunicación que los avalan invitan al público a leer y comparar los dos informes. Se afirma que es antidemocrático plantear que la cuestión en torno al cambio climático es una discusión de expertos (Forbes, 2012). El problema es que una persona común y corriente no tiene en sus manos suficiente información ni los conocimientos necesarios para evaluar si el planeta se está enfriando o calentado. Frente a argumentos científicos contradictorios el público general reacciona pensando que la temática en cuestión todavía no está resuelta. Esto es efectivamente lo que ha pasado en Estados Unidos, donde actualmente menos de la mitad de la población está conciente del consenso del 97% de los científicos expertos en climatología respecto del aporte humano al cambio climático (The Consensus Project, 2013).

Frente al extremado tecnicismo del discurso sobre el cambio climático, la responsabilidad del público general recae en cuestionar las credenciales y las motivaciones detrás los científicos y sus postulados. El IPCC, por su parte, es el principal órgano internacional para la evaluación del cambio climático. Fue establecido por el Programa Ambiental de las Naciones Unidas (PNUMA) y la Organización Meteorológica Mundial (OMM) . Al mismo tiempo, el IPCC es un órgano intergubernamental que está abierto a todos los países miembros de la ONU y la OMM, con actualmente 195 países miembros. Los gobiernos participan en el proceso de revisión y en las sesiones plenarias, donde se toman las principales decisiones sobre el programa de trabajo del IPCC (IPCC, 2013). Porque sus reportes deben reflejar el consenso de sus numerosos contribuyentes, es difícil que representen una postura extrema frente al tema o que mantenga lazos políticos con un partido en particular. Su financiamiento proviene de la ONU y los cientos de científicos que participan en sus informes lo hacen voluntariamente. El IPCC es reconocido mundialmente como una autoridad frente al calentamiento global y el 2007 ganó el Premio Nobel de la Paz.

En contraste, los 52 contribuyentes del informe del NIPCC son remunerados por su participación y varios de ellos no tienen títulos universitarios relevantes al estudio climático. Por ejemplo, algunos tienen una formación en economía y no en ciencias naturales (NIPCC, 2013). Conjuntamente, el año pasado se descubrió que el NIPCC está ampliamente financiado por el centro de estudios neoliberal estadounidense Heartland Institute, que contribuye con $300.000 anuales para la realización de sus informes (BBC, 2012). Hoy en día el vínculo entre estas dos organizaciones ya no se esconde y se admite abiertamente que el Heartland Institute es la organización que publica y distribuye dicho informe (PRWEB, 2013).

Ahora, el Heartland Institute no es una organización internacional en la que participan gobiernos con distintas tendencias políticas como el IPCC; por el contrario, su color político y su vínculo con los EEUU es claro. Bajo su propia descripción, es un centro de estudios con base en Chicago que desarrolla soluciones de libre mercado y que promueve políticas de privatización y desregulación. El instituto se vincula abiertamente con el Partido Republicano planteando con orgullo el respaldo de senadores y políticos de dicho partido. También cuenta con el apoyo del movimiento político de extrema derecha Tea Party y produce diversos manuales especialmente diseñados para sus adherentes.

Además de lazos políticos con la extrema derecha, el Heartland Institute tiene y ha tenido históricamente importantes vínculos económicos con la industria del petróleo. Desde 1998 al 2006, la corporación petrolera Exxon Mobile contribuyó más de $600.000 de acuerdo a los reportes de responsabilidad social de la compañía y de las fundaciones de la misma (New York Times, 2009). No obstante, entre el 2006 y el 2009 la multinacional retiró su apoyo en un esfuerzo de desvincularse, al menos públicamente, de dicha organización. El 2012, el plan de recaudación de fondos del Heartland Institute fue filtrado a la prensa. Dicho documento da cuenta de importantes lazos económicos. El documento estipula: “La Fundación Charles G. Koch volvió como un donante de Heartland en 2011. Esperamos aumentar su nivel de apoyo el 2012 y acceder a la red de filántropos con que trabajan”. Más abajo el documento da cuenta de una donación de $200.000 por parte de dicha fundación.

Koch-Industries-Wichita-Headquarters

Charles G. Koch (uno de los 6 hombres más ricos del mundo según la revista Forbes), es copropietario, presidente del directorio y director de las Industrias Koch, un conglomerado privado de empresas (el segundo más grande de EE.UU.) involucrado en refinamiento y distribución de petróleo, desarrollo de químicos y fertilizantes, producción papelera y ganadera; entre otros negocios de fuerte impacto ambiental. El año 2000 este conglomerado pagó $30 millones de multa civil (la mayor multa jamás impuesta a una empresa en virtud de cualquier ley federal ambiental en EE.UU.) debido a sus 300 derrames de petróleo en seis estados (EPA, 2013). Dicha compañía también ha estado involucrada en casos de pagos ilícitos y ha vendido millones de dólares en equipos petroquímicos a Irán, país identificado por EE.UU. como el principal patrocinador del terrorismo internacional (Bloomberg, 2011).

Es interesante notar también que el Heartland funciona como un medio para financiar directamente a científicos y otras figuras públicas que promueven el escepticismo frente al cambio climático. En otro documento filtrado a la prensa se presenta el financiamiento de los tres principales científicos del NIPCC: “Por el momento, este financiamiento se entrega principalmente a Craig Idso ($11,600 por mes), Fred Singer ($5,000 por mes, más gastos), Robert Carter ($1,667 por mes), y un número de otros individuos, pero consideraremos expandirlo si podemos encontrar el financiamiento” (The Guardian, 2013). Estos tres científicos son mundialmente famosos por negar el cambio climático y son frecuentemente citados en diversos medios de comunicación.

A pesar de que el Heartland Institute plantea que este documento es falso, Fred Singer no niega haber recibido aquel monto, pero plantea que fue entregado directamente a su proyecto “Ciencia y Políticas Ambientales” (Puckerclust, 2012). Robert Carter, por su parte, tampoco negó recibir dinero de la organización en cuestión, pero no confirmó el monto (The Sidney Morning Herald, 2012). El financiamiento de escépticos también trasciende el terreno del NIPCC, hasta alcanzar figuras como Anthony Watts, ex-meteorólogo de televisión que escribe el blog escéptico “Watts Up With That?”, quien admite haber recibido $90,000 del Heartland Institute para desarrollar un nuevo proyecto (The Guardian, 2012).

Dr Willie Soon, otro de los autores líderes del NPICC, famoso por su visión de que el calentamiento global es causado por la radiación solar, ha estado permanentemente financiado por la industria del petróleo desde el 2001, según una Investigación de Greenpeace. La organización medioambiental ganó una apelación al Acta por la Libertad de la Información (Freedom of Information Act) en los Estados Unidos y logró sacar a la luz que Willie Soon ha recibido dinero de ExxonMobil, del Instituto Estadounidence de Petróleo y de las Industrias Koch, junto con Southern, una de las más grandes empresas de servicios públicos que funciona en base a la quema de carbón. Desde el 2002, cada nuevo fondo que ha recibido ha sido a partir de industrias ligadas al petróleo o al carbón (The Guardian, 2011). Willie Soon no negó las acusaciones, planteando que él sí había recibido dinero de todas las compañías nombradas en la investigación, pero negó que aquello tuviera alguna influencia en sus estudios. Declaró que incluso hubiese recibido dinero de Greenpeace si la organización se ofreciera a financiar su trabajo (Reuters, 2011).

En Inglaterra una de las personalidades más respetadas que niega las conclusiones del IPCC es Nigel Lawson (en la foto), político conservador y ex Secretario de Energía del Gobierno de Margaret Thatcher. En noviembre del 2009 Lawson se convirtió en la cabeza del directorio de la organización sin fines de lucro Fundación de Políticas Públicas sobre Calentamiento Global. Este centro de estudios lanza frecuentemente dudas sobre las conclusiones del IPCC y advierte de los grandes costos de la lucha contra el cambio climático. Bajo su propia descripción, la organización no es anti-ambientalista y para establecer su completa independencia no acepta donaciones de compañías de energía ni de nadie que tenga intereses significativos en una compañía de energía. No obstante, esta información es simple y llanamente falsa. El 27 de Marzo del 2012 se descubrió que Michael Hintze apoya económicamente a dicha organización (The Guardian, 2012). Hintze es la cabeza del fondo de inversiones CQS, con un área que se especializa en invertir capitales en la construcción de plataformas petrolíferas (CQS Rig Finance Fund Limited, 2013). CQS actualmente administra más de 12 billones de dólares en activos (Financial Times, 2013).  Al mismo tiempo, Hintze es uno de los principales donantes del partido conservador en Inglaterra  (ha donado 1,5 millones de libras al partido Tory). Las últimas revelaciones en cuanto a su patrocinio del escepticismo climático es una vergüenza para David Cameron, (actual Primer Ministro de Inglaterra) quien se ha comprometido a liderar un “gobierno más verde nunca” (The Guardian, 2012).

Former Chancellor and Conservative politician Lord Nigel Lawson

Como puede evidenciarse, tras las principales voces del escepticismo frente al cambio climático laten compromisos políticos y económicos. Su discurso científico, o quizás debiéramos decir pseudo-científico, abunda en intereses personales, lazos económicos con la industria petrolera (u otras industrias de alto impacto ambiental) y lazos políticos con la derecha neoliberal.  Por eso es profundamente nocivo y engañoso que los medios de comunicación los incluyan en sus reportes. Incluso si se los pudiera considerar genuinamente científicos, no estaría bien incluirlos pues representan tan sólo el 3% de la comunidad científica (The Guardian, 2013). Incluir sus ideas en los informes noticieros no es muy distinto que incluir las ideas de quieres creen que el virus HIV no causa el SIDA.

Lo más preocupante es que dichos reportes con un falso balance funcionan como una vía de justificación y dignificación para personas, empresas y gobiernos que prefieren la vía fácil de la inercia en materia ambiental. Fomentan a nivel individual y colectivo la continuación de las actitudes de derroche energético responsables del cambio climático y traban los procesos de mitigación y prevención de sus efectos. Con esto juegan a la ruleta con el futuro del planeta y de la humanidad.

Es hora de que finalmente enfrentemos el consenso al que ha arribado la comunidad internacional. La discusión relevante ahora no tiene que ver con el aporte humano al cambio climático, esa cuestión ya está resuelta. Hoy debemos discutir sobre cómo hemos de generar los cambios en los patrones de consumo energético que son necesarios para mitigar las peores consecuencias del calentamiento global. Es más, más allá de discusiones, la situación actual requiere de consenso para la acción inmediata. Es urgente que de una vez por todas, ciudadanos, gobiernos y organizamos internacionales nos pongamos manos a la obra.

Por Xaviera Ringeling


[1] Las posturas escépticas varían entre sí, pero tienden a confluir en estos puntos.

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