Las verdaderas víctimas de la moda


Hace algunos meses se derrumbó un edificio de ocho pisos en Dhaka, Bangladesh, frente a los ojos absortos del mundo, dejando un saldo de aproximadamente 1.100 muertes y 2.500 personas heridas, en su mayoría mujeres. En el edificio funcionaban talleres de ropa dedicados a suministrar prendas y accesorios a algunas de las empresas de retail más conocidas en el mundo, y pese a las grietas que aparecieron en las plantas bajas del edificio algunos días antes de la tragedia, los administradores no permitieron que se suspendieran las labores. El lamentable suceso -uno de los más tristes en la historia reciente de la humanidad- dejó al descubierto lo inescrupulosa que es la industria transnacional del retail de ropa y la forma en que genera sus absurdos márgenes de rentabilidad.

War on Want, un movimiento de justicia social del Reino Unido, ha venido denunciando desde hace unos años las malas prácticas de este tipo de compañías, y ha publicado algunos informes acerca de la situación que viven miles de mujeres trabajadoras en la industria textil de Bangladesh. Su último informe, publicado a finales de 2011, y que volvió a generar controversia en los medios europeos después de la tragedia del edificio en Dhaka, contiene hallazgos verdaderamente escalofriantes. El estudio consistió en 988 entrevistas realizadas durante un período de 6 meses a mujeres trabajadoras de 41 talleres de ropa en Bangladesh, donde la industria textil ha crecido de forma vertiginosa durante los últimos 35 años, representando hoy en día el 80% de las exportaciones del país.

Lo primero que llama la atención del informe son los salarios, que van desde 3.000 taka (USD 36) hasta 3.861 taka (USD 47) al mes, por jornadas laborales de 12, 14 ó más horas. De acuerdo con los sindicatos del país, el salario ético (el mínimo necesario para suplir las necesidades básicas del trabajador y su familia) debería ser de USD 62. Pese a ser escandalosamente bajas y seguir siendo inferiores al salario ético de USD 62, las remuneraciones por lo general no se pagan completas, pues son calculadas de acuerdo con metas de producción poco realistas que las trabajadoras rara vez pueden cumplir, y por ello las deducciones son algo frecuente. En segundo lugar, y en cuanto a la jornada laboral, 80% de las entrevistadas dijo salir de su trabajo diariamente entre las 8pm y 10pm, teniendo en cuenta que la hora de entrada es 8am y que el máximo legal son 10 horas al día. El 75% de las entrevistadas dijo además haber hecho turnos nocturnos recientemente, muchas veces inmediatamente después de terminar su jornada diurna, pues dijeron haber sido amenazadas con ser despedidas si se rehusaban. En tercer lugar, los malos tratos también hacen parte del día a día de las entrevistadas, pues 718 dijeron haber sido víctimas de lenguaje obsceno, 443 dijeron haber sido golpeadas, y 427 golpeadas en la cara. El acoso sexual y los tratos humillantes son también algo común en estos talleres, ya que 290 mujeres declararon haber sido tocadas de forma inapropiada, y otro tanto dijeron haber sido víctimas de castigos y tratos denigrantes, como ser obligadas a pararse en una mesa por horas. Por si fuera poco, 484 dijeron haber sido amenazadas con perder su trabajo, 333 con ser enviadas a la cárcel y 328 con tener que desvestirse. Por último, las licencias y otros beneficios relacionados con la maternidad son regularmente irrespetados.

Es difícil dimensionar lo que significa para un ser humano trabajar en tales condiciones, y los efectos que eso tiene en todos los aspectos de la vida, especialmente considerando que muchas de estas mujeres son madres y esposas. Quizás el principal legado de la economía política marxista consiste en mostrar que las mercancías, más que meros objetos, son la forma cristalizada del trabajo humano y de las relaciones sociales que generan ese trabajo. De acuerdo con Marx, tan pronto la mercancía entra a la esfera de intercambio, adquiere un carácter “místico”, en la medida en que las relaciones sociales en ella contenidas quedan escondidas tras el aparente absoluto de su materialidad. Sin embargo, el hecho de que los procesos y relaciones sociales contenidos en las mercancías no puedan ser percibidos por los sentidos, no significa que no estén ahí. En consecuencia, detrás de cada prenda de Primark, Zara, H&M, Mango, y GAP, entre otras, están las historias de las personas que la fabricaron, muchas veces en condiciones de explotación y abuso.

Tomar la decisión de no comprar en estas cadenas no es fácil, pues cada vez sus tiendas invaden más los mercados, y sus relativamente bajos precios y constante rotación de inventarios las hacen muy atractivas para el consumidor promedio que quiere estar a la moda. Sin embargo, la situación es urgente, pues el fenómeno no afecta a Bangladesh exclusivamente sino a muchos otros países del mundo, y estas empresas han demostrado en reiteradas ocasiones que no tienen el menor respeto por la vida y la dignidad humana. Fue solamente después de la reacción pública sin precedentes que ocasionó el colapso del edificio en Dhaka que cincuenta de estas compañías firmaron un acuerdo de salud ocupacional que se venía negociando de forma infructuosa desde hace meses. No obstante, algunas compañías (como GAP), aún se rehúsan a firmar el acuerdo y a pagar las indemnizaciones correspondientes.

En otras palabras, y aunque los resultados no sean significativos todavía, la indignación de miles ha demostrado ser efectiva, y por eso es importante tener conciencia del poder implícito en nuestros patrones de consumo al momento de comprar ropa. En términos generales, este problema se enmarca en la misma discusión que se ha venido dando en Verdeseo en las dos últimas columnas sobre los escándalos del etiquetado de alimentos y los pollos con dioxinas, y lo importantes que son las prácticas cotidianas como arma contra este tipo de abusos. La vida cotidiana es un terreno de posibilidad, una estructura abierta que contiene los elementos dispersos del mundo futuro en que queremos vivir, y por eso es tan importante tratar de materializar ese mundo en cada uno de nuestros actos.

Por Martín Arboleda

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  1. Pingback: Los animales no humanos y el modo de producción | VerDeseo

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