HidroAysén Marzo 2014: ¿Qué diferencia hará Pacheco y la Nueva Mayoría?


Marcha Coyhaique

Marzo del 2014 y por doquier se escucha y repite la misma frase: HidroAysen es un proyecto inviable.[1] Todo apunta a que el proyecto de Colbún y ENDESA, al menos en la forma en que ha sido concebido hasta el día de hoy, no verá la luz. Si bien lo anterior no asegura que la Patagonia se mantenga como una Reserva de Vida, como muchos de quienes se oponen a las mega-represas (y a todo mega-proyecto en la región de Aysén, Patagonia chilena) desean para ese territorio, es una victoria importante para el colectivo de ciudadanas y organizaciones que desde varios lugares y con las más variadas formas se han organizado para proponer algo diferente para Aysén, y de paso, para Chile.

Mayo del 2011 marcó un hito importante en este largo proceso que ha significado estudiar, valorar y mostrar lo que significa Aysén y la Patagonia chilena para patagonas, ayseninas, chilenas y el mundo. Este proceso empezó por ahí por el 2006, luego de que ENDESA anunciara su intención de construir represas en los ríos Baker y Pascua. Ya en esos años un grupo de ciudadanos y organizaciones en Aysén empezaron a organizarse ante lo que veían como un proyecto invasivo, planificado desde Santiago sin ningún consideración por la región, y cuyos beneficios serían para los actores privados detrás del proyecto (y las grandes mineras en el norte del país), mientras los costos los pagaban ayseninos y chilenos en su conjunto.

Sin embargo, esta historia es todavía más larga. En Coyhaique y Aysén desde los años 1980s que se gesta la idea de concebir Aysén como una Reserva de Vida, donde se pueda generar desarrollo y bienestar para la población de una manera diferente a que en el resto del país. Donde desarrollo no signifique destrucción para limpiar después, cuando ya tengamos suficientes recursos para darnos esos lujos, sino que un desarrollo en armonía con el entorno y con las formas de vida de las comunidades que allí habitan.

Así, mayo del 2011 y los más de 80,000 chilenos en las calles de Santiago y a lo largo del país son también el resultado de esta larga campaña y movimiento conocido como Patagonia Sin Represas, un movimiento que difícilmente puede ser reducido a una campaña ambiental. Patagonia Sin Represas se transformó en un movimiento ciudadano que ha cuestionado desde la forma de hacer política energética en Chile, pasando por la centralización en la toma de decisiones, hasta el modelo de desarrollo y su relación con los recursos naturales (agua, minería, energía), entre mucho otros debates que se han dado a propósito de este y otros conflictos socio-ambientales.

Antes de Patagonia Sin Represas hablar de energías renovables era prácticamente tabú en Chile. En estos pocos años, esto ha cambiado radicalmente.

En ese sentido, sorprenden, pero también son bienvenidas, las declaraciones del nuevo ministro de Energía, Máximo Pacheco, señalando que es hora de deshidroaysenizar la discusión sobre energía en Chile, y las declaraciones que señalan que dentro de los primeros 100 días de gobierno se presentará una política energética al país. Así, por ejemplo, en una entrevista de este 22 de marzo en La Tercera, el ministro Pacheco señalaba que: “Hay gente que me advierte de no pasarme una línea del rol subsidiario del Estado, una línea que como gobierno ya pasamos y todos aquellos que votaron por la Presidenta Bachelet”. Lo anterior apunta a un cambio importante en la discusión en torno a la energía en Chile, en tanto el rol subsidiario del Estado (consagrado en la Constitución) debería cambiar, tomando este un rol activo en la producción de un bien (la energía) que debiese entenderse más allá de la generación de utilidades de privados y como un bien público. Algo similar a lo que está ocurriendo en la discusión sobre educación.

El ministro de Energía también señala, en la misma entrevista, que “Es de los sectores de la sociedad chilena, tal vez por su tamaño y relevancia, donde se han hecho todos los posibles estudios y consultorías técnicas y jurídicas. Lo que aquí falta es que construyamos los consensos. No es suficiente que se prepare un documento de estrategia nacional a 30 años si no se ha conversado con la sociedad. No fue una estrategia que asumiera, como base, que estos son procesos sociales. No es una definición técnica. Los técnicos en Chile están completamente de acuerdo”. Más allá de que no es tal el “completo acuerdo” entre técnicos y expertos en la materia[2], se observa un incipiente cambio de paradigma cuando se señala que la energía ya no será entendida como tema meramente técnico (y por ende, dejada a unos pocos expertos). Por el contrario, el ministro da cuenta de que como la forma de generar y consumir energía implica una forma de organizarnos y vivir en conjunto como sociedad, la energía es también un tema eminentemente político.

Sin embargo, en la misma entrevista y en otras declaraciones, y reconociendo que el discurso en torno a la energía ha cambiado, siguen existiendo importantes limitaciones. Por ejemplo, el ministro de Energía señala que “Para que nosotros tengamos una estrategia energética necesitamos validarla socialmente. Aquí hay muchas discusiones pendientes: he mencionado los problemas territoriales, indígenas, ideológicos”. ¿Qué significa para el actual gobierno la validación social de una estrategia energética? ¿Dónde exactamente están incluidos los varios actores sociales que debiesen ser convocados a dicha discusión actualmente? Si se pretende generar una política energética en los próximos 100 días, ¿dónde y cómo está ocurriendo ese proceso? ¿Uno que sea realmente democrático, transparente y ciudadano? ¿Cuál es la instancia y cómo (y por quién) ha sido diseñada?

Es más, la mención de lo territorial, indígena e ideológico como “problemas” o “vetos” en la misma entrevista parte de la base que estas demandas y posiciones son un problema, un obstáculo a eludir o solucionar, y no el punto de partida desde donde pensar la política energética. En ese sentido, si bien con avances, la forma de hacer política no ha sido (todavía, esperemos) realmente nueva. Esto, porque cambiar la forma de hacer política no es solo recoger demandas de la ciudadanía, sino que el proceso mediante el cual se diseñen instrumentos, políticas, leyes y medidas es también crucial. En este sentido, un proceso democrático y amplio debiese incluir a la misma sociedad, como señala el ministro Pacheco, pero no para solucionar un problema pre-definido (necesitamos energía), sino que en el establecimiento mismo del problema. Solo desde allí se puede conversar y dialogar en serio, con confianza.

Colombina Schaeffer

Socióloga estudiante de doctorado en Ciencia Política


[1] Lo dijo la entonces candidata a la presidencia Michelle Bachelet en diciembre del 2013, y lo volvieron a señalar el Ministro de Medio Ambiente y Energía en las últimas semanas, así como otros actores políticos cercanos a la Nueva Mayoría.

[2] Ver, por ejemplo, las diferentes posiciones y propuestas producidas por la Comisión Asesora para el Desarrollo Energético (CADE) conformada en el gobierno de Sebastián Piñera, y las propuestas de la Comisión Ciudadana-Técnico-Parlamentaria (CCTP).

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