Lecciones ecológicas de la frontera: el lugar donde se disipa la niebla


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La provisión de energía eléctrica es un tema preocupante dentro del país. Su consumo aumenta constantemente proyectándose un crecimiento de un 7%, desde menos de 40.000 GWh para el año 2000, hasta cerca de 140.000 GWh para el año 2020. En la década 1997-2007, dicho crecimiento fue de un 8,2% anual, lo que ha disminuido un tanto en el año 2011 a 2012[1], llegando a un 6%[2].

Con el fin de satisfacer esta proyección se han propuestos distintas alternativas, entre ellas, la construcción e instalación de Energías Renovables No Convencionales (ERNC). Esta opción se ha validado ya que sus costos han bajado considerablemente. Por ejemplo, el documento “Informe Anual de ASIF 2010”[3] de la asociación de la industria fotovoltaica española muestra que a nivel mundial el costo de producir energía fotovoltaica disminuirá desde un rango de 0,16 a 0,35 centavos de euro por kw/h, hasta un rango que va desde 0,08 a 0,18 centavos de euro para el año 2020. Esto debido a que aumentaría el volumen de producción por sobre la demanda, disminuiría el precio de insumos industriales como el silicio (desde 450$/k 2008 a 27$/k 2011) y aumentaría la eficiencia de la conversación de células fotoeléctricas[4].

Es evidente que aumentar la participación de las ERNC en las matrices energéticas es mejor que aumentar la oferta de combustibles fósiles o energías renovables convencionales. Sin embargo, esto se basa en incrementar el consumo energético a través del aumento de la oferta y la eficiencia, lo que no implica que se dejen de construir fuentes energéticas contaminantes, o que las existentes dejen de funcionar. Por decirlo de manera sencilla, construir 100 MW de termoeléctricas y 50 MW de ERNC aumentaría la presencia de este último en la matriz, pero no reemplazaría las formas contaminantes de producción energética.

La solución entonces debería basarse en aquellos modelos que permiten entender un cambio de paradigma, a través de experiencias no expuestas en la prensa tradicional. Como referencia me gustaría referirme a una experiencia desarrollada en el extremo norte de Chile.

En las zonas altiplánicas de Arica y Parinacota se han instalado proyectos de paneles fotovoltaicos en escuelas y postas rurales desde principios de la década de los 1990s, los que fueron revitalizados durante el último gobierno. A pesar de que no todos funcionaron al 100%, en muchos casos se pasó de 2 horas de electricidad por un generador a petróleo diésel, a tener electricidad fotovoltaica las 24 horas. Hoy en día, los niños y profesores tienen computadores, televisión, internet, refrigerador, pantallas interactivas, etc.; lo que ha significado un aporte importante para la nivelación educacional y la conectividad.

El funcionamiento del sistema eléctrico instalado es sencillo. Incluye la correcta inclinación de los paneles, la instalación del sistema eléctrico, la adopción de un inversor de corriente expresada en voltios a corriente de 220kw/h, la incorporación de un regulador que mantiene la corriente de manera constante, y un sistema auxiliar en base a petróleo diésel en caso de que falle el sistema primario.

¿Qué debe considerar una tecnología de este tipo? Capacitación básica para operar los equipos, una inversión inicial moderada, inversión de mantenimiento para las baterías y el sistema auxiliar.

Las claves del éxito son subsidios del Estado sumado a capacitación directa del beneficiario/usuario, y el aumento de la eficiencia energética por la eliminación de la transmisión de energía mediante cables, ya que el consumo está en el mismo punto que la producción. El gran desafío sigue siendo el almacenamiento de energía, el cual se realiza mediante baterías que se deben renovar cada 7 o 10 años.

¿Qué significa el éxito de un proyecto como este? Más allá de alimentar de energía a poblados aislados de los sistemas eléctricos centrales, nos permite mirar soluciones desde otra perspectiva.  Nos permite pensar un modelo energético autónomo, justo, solidario, limpio y sustentable. Desconcentrado, porque cada unidad produciría y cuidaría su propia energía, siendo los ciudadanos partícipes integrales de ella. Justo, porque desconcentra la producción energética y los vincula directamente al centro de producción, generando que aquellos que son poseedores del recurso natural tengan acceso a él sin aumentar sus costos. Solidario, porque el beneficio se comparte entre todos los habitantes de una comunidad. Limpio, porque es mucho menos contaminante que otras fuentes de energía. Finalmente, sustentable, porque se podría mantener en el tiempo[5].

¿Qué pasaría si instaláramos un modelo de producción eléctrica que no transfiere energía desde grandes plantas, sino que de acuerdo a las necesidades reales de cada centro de demanda energética? ¿Sería posible que los centros de producción fueran cada una de las unidades que componen las ciudades y los poblados rurales, almacenando en las horas de baja demanda, y distribuyendo en las horas de alta demanda? La instalación y transición a este modelo, además de su gestión y su puesta en práctica tendría problemas para reflexionar, como son los desafíos de almacenamiento de la energía. Sin embargo, con buenas políticas de incentivos e impuestos verdes podría ser viable su instalación, además de que contamos (o contaremos en el futuro próximo) con los avances tecnológicos para eliminar algunos de estos  problemas. La invitación es a seguir mirando alternativas más allá del sistema actual, con el fin de obtener nuevas perspectivas, que si bien existen, no han sido relevadas dentro del modelo actual.

Francisco Nómez

Sociólogo

 

[1] INE (2008) Op. Cit.

[2] Gobierno de Chile (2013) Op. Cit.

[3] Anta, J. (2010). “Informe Anual de ASIF 2010”. Presentación a la Prensa. Disponible en http://jumanjisolar.com/2011/06/asif-hacia-crecimiento-sostenido-fotovoltaica-espana.html

[4] Pintados, P. (2012) “Reconsiderando los costes económicos de la Fotovoltaica”. Economics for Energy. 28 de Mayo. Disponible en http://economicsforenergy.blogspot.com/2012/05/reconsiderando-los-costes-economicos-de.html

[5] La Comisión Ciudadana-Técnico-Parlamentaria (CCTP) ha trabajado en una detallada propuesta concreta de este tipo para Chile. Es posible descargar el documento aquí: http://www.energiaciudadana.cl/libro/chile-necesita-una-gran-reforma-energetica#.Uzyzo8f_vxQ

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