La expresión de lo político en los incendios forestales


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Chile, abril de 2014 será recordado por el incendio forestal de Valparaíso, que en su desbordamiento quemó casas forzando a evacuar a más de mil personas, y provocando  la muerte de al menos 15 personas. Según la ONEMI (Oficina Nacional de Emergencia), el fuego comenzó en el camino de La Pólvora, cerca de la comuna de Valparaíso, y destruyó en primera instancia “15 hectáreas de pastizal, matorral y eucalipto”.

Los incendios forestales son fenómenos socio-ecológicos comunes en las zonas con climas mediterráneos (con altas temperaturas y sequías en los veranos, siendo la zona central de Chile una de ellas). Sin embargo, las acciones de los seres humanos ayudan. Y no nos referimos a la necesidad de buscar responsables individuales -“pirómanos”, “terroristas” o “turistas descuidados” (según la zona de Chile, de norte a sur, los perfiles de los “buscados” marcados por el Estado van variando). Los incendios forestales son, también, fenómenos políticos: en lo que sucede antes, durante y después de un incendio se expresan relaciones de poder, asociadas a diferentes lenguajes de valoración que rigen el uso del territorio.

Aclaremos eso sí que político no quiere decir partidista. Como expresa Chantal Mouffe en su libro “En torno a lo político” (2007), político supone considerar las tensiones de las sociedades a la hora de plantearse sus formas de organización y las distribuciones de poder. Por ejemplo, considerar entre otras, las causas estructurales que permiten o facilitan que se inicien “desastres naturales”, y que éstos se transformen en catástrofes. Una de las miles de columnas publicadas estos días: El incendio de Valparaíso desnuda el Chile desigual”, apunta al abandono de los cerros de Valparaíso, incluso a pesar de estar en la lista de Patrimonios de la Humanidad de la UNESCO.

La intención de esta columna no es analizar en concreto el caso del incendio de Valparaíso, pues es algo precipitado y además, las condiciones urbanas de Valparaíso suponen una complejidad que no es posible abordar acá. Sin embargo, puesto que el incendio se inició en un predio forestal, la intención es poder tomar las oportunidades que este tipo de fenómenos nos aportan socialmente: la reflexión política. El incendio de Valparaíso, como todos los que se dan en las temporadas de verano que recién terminó, nos insta a abrir un debate acerca del modelo forestal imperante en Chile.

El desarrollo forestal en Chile se constituyó gracias a un proceso de arriba hacia abajo, es decir, centralizado, marcado por la entrega de incentivos a los grandes empresarios forestales (Decreto Ley 701, 1974) para la exportación de recursos madereros. Sólo a partir del año 1998 se buscó incluir a las comunidades cercanas a través de la ampliación de los subsidios a los pequeños propietarios forestales, transformándose ellos también, de esta forma, en empresarios. Sin embargo, la propiedad de las tierras destinadas a las plantaciones forestales sigue en manos de grandes empresas forestales en un 78% (de acuerdo al Censo de 2007). En el año 2011, la actividad forestal dio lugar a exportaciones por más de 5 mil millones de dólares, constituidas principalmente por astillas, papel y madera aserrada (ver INFOR, 2012). Todos estos productos han incrementado el volumen y el valor de sus exportaciones en forma sostenida durante las últimas tres décadas, y se fabrican con materia prima cosechada en las plantaciones que siguen gozando del subsidio a la forestación.

Mientras tanto, según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) (2008), las cuatro regiones con mayor desarrollo forestal tienen los índices de desarrollo humano más bajos de Chile. La concentración de la propiedad de la tierra, los registros del efecto negativo de las plantaciones forestales exóticas a gran escala sobre el agua y comunidades rurales locales, así como el aumento de los incendios forestales desde que se implantó este modelo de desarrollo forestal, son impactos importantes de la actividad forestal y el modelo escogido por Chile. Estos impactos son socio-ambientales (es decir, no solo ambientales), y se reparten de forma desigual. Considerar la desigualdad que significan ciertas formas de desarrollo territorial es fundamental a la hora de considerar las causas biofísicas, estructurales y sociales que explican la ocurrencia o propagación de los incendios, así como los impactos estructurales previos a dichos desarrollos económicos. Para ello, no basta con agrupar datos socioeconómicos, macro y micro, sobre  pobreza, o estudiar las percepciones valorativas de los socio-ecosistemas, como ha pretendido recientemente CONAF (Corporación Nacional Forestal de Chile) en un estudio sobre la relación entre plantaciones y pobreza (ver: “Estudio sobre plantaciones y pobreza en comunas forestales”, realizado por el Departamento de Plantaciones de la Gerencia Forestal de dicha institución.

El incendio de Valparaíso, como otros muchos desastres socio-ambientales, dio lugar a actos de solidaridad y cohesión, como se vio en el desbordamiento de ayuda que de manera espontánea desplegaron ciudadanos/as de todo el país con aportes materiales y tiempos de ayuda. Pero una vez pasada la emergencia, necesitamos mirar más allá.  La pancarta colgada en la Alameda por las Juventudes Comunistas, “Sismos-Incendios: Luksic y Paulmann no se ponen ni con uno”, apunta a ésa desigualdad en las responsabilidades post-desastre: las figuras de poder que “no se ponen ni con un(o) peso”. Pero no es sólo cuestión de las donaciones posteriores, sino de las responsabilidades históricas en los tipos de desarrollos económicos que han  caracterizado cada territorio, y cómo éstos requieren configuraciones socio-ambientales que faciliten por ejemplo, el extractivismo. Cada año se dan numerosos incendios forestales en las zonas masivamente plantadas con especies exóticas, y estos son oportunidades para parase a pensar cómo definimos desarrollo y sobretodo, quién lo decide y quién tiene y ha tenido el poder de decidir qué es y cómo se despliega.

MGH es investigadora de la Universidad de Chile y de la Red Europea de Ecología Política (ENTITLE). La investigación para este artículo contó con el apoyo del Programa Marie Curie de la Unión Europea.

  1. miguel angel ahumada

    Mucho se puede escribir sobre el desastre de Valparaíso, político, social, pongan lo que quieran y culpen a quien quieran, pero hasta ahora no he visto UNA letra sobre lo que sería la solución de gran parte del problema: EDUCACION!! es que tienen miedo de decirlo o no se les ocurre, sabiendo que el hombre es el causante de los incendios forestales en CHILE??!!

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  3. mgh

    Gracias Miguel por tu comentario. Me parece que tienes razón en lo que indicas, se escribe y se ha escrito mucho sobre el incendio de Valparaíso, y creo que eso es buena señal, que se reacciona, se debate, se crea una cultura de discusión. Por mi parte, como autora, me limito a hacer un análisis desde donde puedo aportar, si tu crees que el enfoque de la educación es apropiado, te animo a compartilo. Por mi parte, hasta donde entiendo yo que quieres decir por Educación, relacionándolo con la causa antrópica de los incendios forestales, creo que es parte de la solución del “síntoma” pero no del problema. Es cierto que las causas de los incendios forestales en Chile son mayoritariamente (99%) antrópicas, pero esto no sólo por quien inicia la chispa, sino por lo que se quema: los micro basurales, las reducciones de bosques nativos, las plantaciones forestales también son producto de los seres humanos. Y entonces, con el tema de la educación, me pregunto, ¿quién tiene que educar a quién? ¿Desaparecen los desastres porque seamos todos/as educados/as y no haya incendios? Yo tengo mis dudas, pero depende de la concepción de Educación a la que te refieras…Ojalá te animes a debartirlo, es interesante. Gracias, Salud!

    • miguel angel ahumada

      mgh, no había leído tu repuesta, lo siento. Cuando hablo de educación, me refiero a la que tiene que entregar el Estado a todos los niños de Chile, desde pre-kinder a octavo básico y desde Arica a Punta Arenas, en materias de educación ambiental. Cuando se educa a un niño, se actúa sobre su actitud y conducta y lo que se espera es una actuación diferente ante el medio ambiente, cuestión que en el adulto de hoy es imposible. Y si se queman basurales, el hombre del futuro tomará las medidas del caso para hacer una quema controlada y el que trabaje en plantaciones, adoptará las medidas que impidan la ocurrencia de un incendio en su patrimonio. Es un tema largo de conversar, pero creo que ahí está la solución, de largo plazo, pero algún día se tiene que iniciar.

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