Bienestarismo o derechos: Debates sobre los límites de la explotación animal


romuloremoFrente al cuestionamiento al sentido de dignificar la relación entre seres humanos y animales, se analizan dos posturas fundamentales: Bienestarismo o derechos animales.

Hace un tiempo, me llamaron la atención las críticas que realizó Rafael Gumucio a los animalistas a través de su Twitter, a raíz de que estaban salvando animales mientras que Valparaíso ardía. Sin embargo, más me sorprendieron las respuestas airadas de diversas personas en las redes sociales en contra de él. Más allá de quien tiene razón, esto devela un tema profundo que me gustaría explorar en esta columna, y que viene a colocar nuevos elementos a la discusión de la interesante columna del 17 de mayo de Alejandra Mancilla publicada en El Mostrador y en este mismo espacio.

La preocupación por los animales puede parecer, para algunos, demencial. Así, se señala que mientras aún mantengamos tantos de temas “humanos” por resolver, preocuparse de los animales sería banal o incluso frívolo. En este sentido, a la recurrente discusión sobre si debemos preocuparnos por solucionar la pobreza o el medioambiente, se le suma la discusión sobre si debemos preocuparnos de los animales.

Lo que a mi me preocupa no es la postura de Gumucio sobre si debemos o no considerar a los animales por sobre las personas. Más bien, es reflexionar sobre si el cuidado de los animales nos ayuda a avanzar hacia una mayor sustentabilidad. En este sentido, el trato distinto hacia la naturaleza, y en especial a los animales, nos importa en cuanto nos produzca una resignificación del modo de entender la naturaleza.

Considerando que existe una amplia gama de movimientos animalistas, y que por ende toda generalización es solo momentánea y para efectos de la reflexión, es necesario indicar que algunos críticos de este movimiento se muestran tajantes en denunciar que no se debe colocar la vida de un animal por sobre la de las personas. Y que incluso la explotación expansiva de animales asegura (o mejoraría) la calidad de vida de la población, a través, por ejemplo, de la alimentación.

En este sentido, destaca el informe de la FAO sobre Agricultura y Alimentación[1], que establece que los productos asociados a la producción animal son la base para la seguridad alimentaria para casi mil millones de personas, y que sería una parte fundamental para la dieta de personas subnutridas, contribuyendo notablemente al ingreso de los hogares.

Por otro lado, existen grupos y organizaciones ambientalistas y/o animalistas que relacionan la explotación animal con el desastre ecológico y el hambre mundial. Desde este punto de vista, la producción industrial de carne necesita una gran cantidad de recursos (agua, alimentos vegetales, suelo para pastar, etc.) y por ende, podría ser sindicada como uno de los grandes responsables de problemas ambientales. Se señala también, que es un alimento reemplazable, ya que esos nutrientes también se podrían obtener a través de vegetales[2].

Desde esta postura, cualquier diferencia entre un ser humano y otra especie animal sería artificial, y por lo tanto, una discriminación que debe eliminarse, ya que implica una relación jerárquica construida simbólicamente que implica dominación, tal como se ha establecido entre los propios seres humanos entre blancos y negros, hombres y mujeres, pobres y ricos, hemisferios norte y sur, etc.[3][4]

Desde el animalismo más radical, esta postura se llama especeísmo, y muchas veces ha sido parte del movimiento ambiental. Como una forma de eliminar esta “discriminación”, se han establecido al menos dos posturas, una más moderada que es la de bienestar animal y una más radical que es la entrega de derechos a los animales. Desde el punto de vista bienestarista[5], podríamos concebir un piso mínimo de bienestar para los animales, es decir, su utilización siempre y cuando el sufrimiento innecesario sea evitado. Por el contrario, desde una perspectiva de derechos[6], se cuestiona que ellos se hayan construido de manera antropocéntrica, favoreciendo al ser humano por sobre las otras especies. De esta manera, los animales también tendrían derechos, lo que implica que su sufrimiento no se justifica, ya que estaríamos violando sus derechos fundamentales.

La primera postura (bienestarismo) pone un límite a la explotación animal basada en la reflexividad del propio sujeto, la cual estaría asociada con una comprensión de las necesidades de sus propios actos y los efectos que puede tener en el medio en el cual se desenvuelve. Desde esta perspectiva, la utilización o no de los animales no se establece como un dogma, sino que está vinculado con sus necesidades reales de sobrevivencia, tanto personales como colectivas, y por lo tanto, se construyen cotidianamente desde la relación ser humano/naturaleza.

La segunda postura (de derechos) pone el límite a la explotación animal estableciendo una norma definida y sancionada desde la mirada antropocéntrica  del ser humano. Desde esta perspectiva, la relación con los animales se establece como un dogma que es racionalizado por los seres humanos en la esfera de la política y del derecho, pero no en la vida cotidiana, y por lo tanto se plantea desde una óptica escindida de la relación ser humano/naturaleza. 

Como manera de ilustración, podríamos observar el caso de algún indígena o campesino que vive de forma tradicional y en que los animales son recursos naturales indispensables o vitales, no sólo para su alimentación, sino que también para el abrigo, el transporte u otros.

En este caso, la relación entre el ser humano y la naturaleza es distinta a la de quienes vivimos, por ejemplo, en una ciudad como Santiago, ya que su relación con la naturaleza se establece de una forma que puede ser más sustentable, con una escala de utilización de los recursos naturales que permiten un ciclo de reproducción adecuado, que no pone en riesgo la disponibilidad del recurso.

Desde la mirada del bienestar, este ejemplo tiene sentido, ya que la utilización de los animales se justifica, debido a que es parte sustancial de su manera de sobrevivir, siempre y cuando no impliquen su sufrimiento innecesario.

Por el contrario, desde el punto de vista de los derechos de los animales, esta utilización no sería justificable, debido a la posición dominante de los seres humanos violarían los derechos de los animales.

De esta manera, mientras desde el bienestarismo podríamos mantener una relación sustentable con la naturaleza, desde el punto de vista de los derechos estaríamos privando de obtener recursos básicos a ciertos grupos sociales, e incluso, denostando formas alternativas de producción que podrían ser sustentables.

Esto, porque la primera puede ser complementada con una racionalidad ecológica/ambiental alternativa, ya que es flexible y fácilmente adaptable, debido principalmente a que es una mirada que moralmente entrega una capacidad de racionalización de los actos frente a la naturaleza, llamando a la reflexión individual.

Sin embargo, cuando miramos desde la perspectiva de derechos animales, corremos el peligro de caer en un escenario contraproducente, ya que reforzamos la mirada del ser humano jerárquico y superior, instalando las concepciones humanas dentro de la naturaleza, o bien, instalando a la naturaleza dentro de lo humano.

De esta manera, para superar la dominación a través de la jerarquización antropocéntrica, me parece mucho más saludable enfrentar la relación entre seres humanos y animales, desde una visión bienestarista que una visión de derechos. Mientras la primera baja a la racionalidad de la vida cotidiana el concepto de sustentabilidad, la segunda la eleva al mundo de los sistemas, estableciendo una escisión irreconciliable entre el sentido de los actos y la ideología de la sustentabilidad.

Francisco Nómez

Sociólogo

[1] FAO. (2009) El estado mundial de la Agricultura y Alimentación. La Ganadería, a examen. Disponible en: https://www.fao.org.br/download/i0680s.pdf.

[2] Safran, J. (4 de octubre de 2011). AwA Revista Cultural. Disponible en: http://awaetsii.wordpress.com/2011/10/04/%C2%BFhas-pensado-en-lo-que-comes-la-ganaderia-industrial-pan-para-hoy-hambre-para-manana/.

[3] Plumwood, V. (1993) Feminism and the mastery of nature. Chapter 2. Routledge. Disponible en: http://uspace.sheffield.ac.uk/servlet/JiveServlet/previewBody/69058-102-1-133834/Plumwood,%20V.%20(1993)%20Feminism%20and%20the%20Mastery%20of%20Nature.pdf

[4] Haraway, D. (1988). Situated Knowledges: The science Question in Feminism and the Privilege of partial Perspective. Feminist Studies. Vol 14 N°3 Autumn. Pp. 575-599.

[5] Iván, A. Animales, humanos, mujeres y otras ficciones.  http://antroposmoderno.com/word/anima_070811.doc.

[6] Singer, P. (1990). “Liberación animal”. Ed. Trotta. http://www.tallerarteyoga.com/PDF/liberacionAnimalPS.pdf.

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