La oscura trama de la encuesta CEP


 

Uno de tantos memes que surgieron en las redes sociales a raíz de los resultados de la encuesta CEP.

Uno de tantos memes que surgieron en las redes sociales a raíz de los resultados de la encuesta CEP.

El tendencioso último informe de este think tank, y que generó una explosión de burlas virtuales conocidas como “memes”, fue menos una medición técnica que una indirecta a Bachelet y sus reformas de parte de la élite.

La última encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP) dio cuenta de una baja en la valoración del gobierno de Michelle Bachelet. Aunque lo más sorpresivo resultó ser, según los resultados de la medición, que la mitad de la sociedad apoya el lucro, que el grueso de ella  también prefiere la selección en los colegios y que a la mayoría de los encuestados le agrada el copago.

¿Debería una persona creer en los resultados de una encuesta cuyo director es un exministro de Educación de derecha destituido de su cargo durante el gobierno de Piñera, crítico de la mayor parte de los postulados de la reforma educacional de Bachelet, y defensor del lucro? ¿Se debería creer en una encuesta hecha en un centro de estudios cuyo comité ejecutivo está compuesto de poderosos empresarios de derecha temerosos de una reforma tributaria? ¿Se puede creer en una medición donde una de las familias que la financia cuenta a su haber con una red colegios?

Todo indica que no y algo de esa desconfianza denotan las decenas de memes o burlas virtuales generadas en la web a raíz esta encuesta.

La destitución de A. Fontaine

Hace poco más de un año que la elite le declaró la guerra a Michelle Bachelet. Fue una declaración tangencial, que empezó con la destitución del histórico director del CEP, Arturo Fontaine. Hasta ese momento, el CEP se había mantenido como un poderoso think tank cuyo mejor atributo venía no de manos de la respetada encuesta homónima sino que de su autonomía y seriedad, pese a que en su comité ejecutivo coexistían prohombres de negocios como Eliodoro Matte, Leonidas Montes y Wolf von Appen.

Documentado y conocido es el malestar que produjeron las sucesivas declaraciones de Fontaine sobre las manifestaciones estudiantiles de 2011 entre los benefactores de este recinto.

“Lo que se ha hecho es lucrar y engañar a la juventud -sobre todo a la juventud más modesta- con una promesa que la universidad en muchos casos no puede cumplir”, fue uno de los tantos disparos del pensador liberal, quien cerró filas con los estudiantes, muchos de los cuales eran sus propios alumnos de filosofía medieval en la Universidad de Chile.

Las declaraciones de Fontaine colmarían la paciencia del comité cuando este conocido escritor decidió negarse a firmar la carta de apoyo al amenazado ministro de Educación Harald Beyer (ex subdirector del CEP hasta antes de su llegada a la cartera ministerial).

Fontaine había dado señales de demasiada independencia. Había aceptado incorporarse como miembro del directorio del Museo de La Memoria,  había aplaudido el regreso de Michelle Bachelet como una estrategia política de primer nivel, y había disparado a mansalva contra los ejecutores del sistema neoliberal vigente que lucraban detrás de conocidas universidades privadas.

Un mes después de la destitución de Harald Beyer en abril de 2013, Fontaine sufriría el mismo sino al ser defenestrado de la dirección del CEP, cargo que ocuparía el derrotado exministro, quien después de todo era un economista de la línea de sus superiores.

La élite y Karadima

Los conflictos de intereses de la élite se hicieron evidentes (pese a que las prácticas son bien antiguas) con uno de los casos más escandalosos de la última década: el de los abusos del sacerdote Fernando Karadima.  El mayor de los Matte, Eliodoro, decidió intervenir personalmente en la investigación sobre el religioso presionando al mismo fiscal nacional Sabas Chahuán.  Según indicó el reportaje de Qué Pasa en marzo de 2011, el empresario, dueño de la celulosa CMPC y de una de las fortunas más cuantiosas del país, le había pedido al fiscal una mayor agilidad con la investigación sobre el sacerdote.

En ese mismo artículo se dio cuenta de que Eliodoro Matte había sido uno de los siete empresarios que pagaron la defensa de Karadima ante la justicia chilena, costeando a uno de los abogados más caros y prestigiosos del escenario jurídico como Luis Ortiz Quiroga.

Como bien lo dijo el columnista Carlos Peña a raíz de esta noticia, el comportamiento de Eliodoro Matte reflejaba la pulsión típica que caracteriza a la élite tradicional: “la creencia de que, bajo ciertas condiciones, les corresponde a sus miembros certificar quién vale la pena y es digno de confianza”.

Nada tan cierto entonces como las declaraciones de Vargas Llosa contra la salida de Fontaine en su columna del diario El País: “Nada daría más razón a quienes sostienen, desde el bando opuesto (la izquierda chilena), que la derecha es egoísta, intolerante y autoritaria, que su adhesión a los valores democráticos es superficial y de coyuntura, que detrás de la propiedad privada, el mercado libre y la democracia burguesa hay siempre un Pinochet. Chile parecía haber dejado atrás esa visión pequeñita y mezquina que, por desgracia, todavía alienta en la derecha iliberal de América Latina”.

¿Cómo entender esas declaraciones? No es difícil.

El libre mercado, legado de 17 años de dictadura, se constituyó en un discurso que se desplegó de manera hegemónica en la sociedad chilena, al punto de transgredir la esfera cultural, según explica Luis Cárcamo-Huechante en sus “Tramas del Mercado”. Según este antiguo profesor de Harvard, este discurso acabó incluso con la dinámica de la educación superior al prohibir muchas “disciplinas no productivas” del área de las humanidades. El saber se convertiría de esta manera en un producto más del mercado.

¿Cómo entender, a su vez, las declaraciones de Beyer hace una semana tras los resultados de su encuesta al decir que el error del gobierno ha sido pensar que la calle representa al conjunto de la polis? Beyer no ha entendido nada.

Rousseau creyó que la discordia y la confusión moral eran las consecuencias ineluctables de la excesiva desigualdad de las riquezas y del tamaño y complejidad de la sociedad moderna. En su apartado sobre este genio suizo escrito para la Enciclopedia Británica, Plamenatz observa: “(Rousseau pensó) que ningún tipo de comunidad puede ser imaginada suficientemente fuerte y unida a menos que sus miembros compartan ciertas creencias fundamentales y también ciertas lealtades… De ahí que sus miembros sólo vivirán en una sociedad igualitaria en donde no tengan que depender de los grupos más poderosos o enriquecidos, sino en un sistema en donde las leyes sean las mismas para todos y hayan sido hechas por la comunidad en su conjunto”.

Rousseau lo entendió hace más de 200 años. Pero ni Beyer ni sus jefes lo entienden todavía.

Carlos Oliva Vega

Poeta y periodista

  1. Reblogueó esto en Una chilena en Australiay comentado:
    “Nada daría más razón a quienes sostienen, desde el bando opuesto (la izquierda chilena), que la derecha es egoísta, intolerante y autoritaria, que su adhesión a los valores democráticos es superficial y de coyuntura, que detrás de la propiedad privada, el mercado libre y la democracia burguesa hay siempre un Pinochet. Chile parecía haber dejado atrás esa visión pequeñita y mezquina que, por desgracia, todavía alienta en la derecha liberal de América Latina” (Mario Vargas LLosa, El País).

  2. Honorato Lasagno

    La marcha de la humanidad incrementa las desigualdades y eso crea malestar general. Parece que los creyentes católicos han olvidado el ama a tu prógimo como a ti mismo. Es natural que ellos NO quieran un pueblo culto porque eso marcaría el fin de sus prebendas.

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