Las lecciones de Canadá


A comienzos de semana ocurrió un ataque en la, hasta ahora, apacible ciudad de Ottawa. El causante del tiroteo que culminó con un soldado muerto y la irrupción en el parlamento canadiense, fue prontamente identificado por las autoridades canadienses.

Como es convencional, los medios se han dedicado a cubrir historias relativas a la identidad del perpetrador de los ataques. Michael Zehaf-Bibeau, de 32 años, fue sindicado como el culpable del atentado. Rápidamente, la cobertura internacional del ataque, especialmente la estadounidense, se centró en destacar los vínculos de Zehaf-Bibeau con el Islam –tal como señala la BBC. En efecto, el asesino del guardia del memorial a los soldados de la Segunda Guerra era un converso al Islam y contaba con registros penales (aunque por delitos sin vinculación terrorista).

No está demás recordar que hace no tanto tiempo en Santiago, fuimos víctimas de un ataque con connotación terrorista: la explosión de una bomba en Escuela Militar nos hizo recordar la fragilidad de las rutinas cotidianas.

Ambos ataques, aunque diversos en sus motivaciones y contextos, tienen sin embargo un componente común. Son eventos disruptores que, eventualmente, minan la confianza social e, incluso, pueden llevar a la estigmatización de grupos sociales particulares (ya sean anarquistas, islámicos, o de cualquier otra índole).

En el caso canadiense, de todas formas, se observan diferencias significativas. En primer término la rápida identificación del causante del atentado permite suspender la preocupación en torno a la emergencia de nuevos ataques -al menos por parte de los mismos perpetradores. En segundo término la forma de reaccionar de las autoridades ha sido bastante distinta a lo observado en Chile.

La policia de Ottawa ha solicitado, a través de su cuenta en Twitter, la participación de la ciudadanía para cooperar con la investigación. Además, fueron ellos mismos quienes contactaron a la comunidades islámicas residentes en caso de que se sientan amenazados o inseguros. Todo lo anterior da cuenta de una aproximación distinta a la amenaza terrorista. Se asume que el verdadero riesgo del terrorismo está en la fractura de la sociedad en su conjunto, sin necesariamente puntualizar a grupos particulares como culpables; se considera, igualmente, que la sociedad en su conjunto debe hacerse cargo de la reconfiguración del orden, incluso ante amenazas externas y -muchas veces incontrolables.

Esto no comporta, por cierto, obviar la toma de decisiones políticas que actualmente sitúa a Canadá en la lista de países aliados en acciones contra ISIS. Esto, de hecho, hace más probable que Canadá pueda ser blanco de ataques por parte de extremistas islámicos.

Lo relevante, sin embargo, apunta hacia la forma en que un país como Canadá enfrenta la realidad del terrorismo y sus implicancias. Sería provechoso sacar lecciones en Chile sobre ello, es hora de que nos hagamos cargo del hecho que nuestra sociedad, nuestro modo de vida y nuestra seguridad depende no sólo de las acciones del Estado -que, como sabemos, poco más que inquirir y reprimir hará. Nuestra tarea como ciudadanos es la de volcarnos hacia la importancia de la vida en sociedad, reconociendo la importancia de reconocer todas las diferencias en el marco de la sana convivencia.

Patricio Velasco F.

Sociólogo

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