Entre el puerto y sus ideas


foto puerto de ideasEntre el 7 y el 9 de noviembre Valparaíso fue un punto de encuentro para la divulgación, discusión y negociación de lo que entendemos por ciencia y arte. El fin de semana pasado, el puerto de Valparaíso no fue solo infraestructura, sino también metáfora: el Festival Puerto de Ideas buscó “tender puentes para generar diálogos y, desde ahí, hacer avanzar reflexiones sobre la sociedad que queremos construir”, como lo dijo Chantal  Signorio, la directora del festival.

Porque la forma en que entendemos lo que es ciencia, cultura, conocimiento o arte es incansablemente un acto político que nos permite abrirnos a preguntar por la forma en que co-producimos el mundo social que habitamos, Verdeseo se quiso hacer presente, asistir a distintas charlas y narrar algo de sus experiencias acerca de ésa, la cuarta versión del festival organizado por la Fundación Mar Adentro. Para que el festival no se quede en ese fin de semana, para que sigamos celebrando formas creativas de re-conectar lo que la industria del conocimiento nos ha dicho que tendría que estar separado; para descentralizar y re-articular distintas vías de generar conocimiento, nosotras quisimos estar ahí.

Durante las próximas semanas publicaremos una entrevista exclusiva que tres de nuestros verdeseantes llevaron a cabo con Bruno Latour, cientista social de renombrada trayectoria y precursor de la ecología política en tanto manera de entender nuestra relación con los demás, otros seres vivos y las cosas.

Por lo pronto, y a manera de preámbulo, queremos ofrecer algunas de las notas que nuestros verdeseantes tomaron luego de asistir a algunas de las treinta y ocho actividades del Festival. Colombina, Patricia y Nina nos dan a conocer sus impresiones y reflexiones acerca de las discusiones en filosofía, política, ecología, literatura e identidades colectivas que Pablo Chuiminatto, Chantal Mouffe, Bruno Latour, David Grossman y Colectivo Pebre ofrecieron al público.

1. Nada más antiguo que lo nuevo: hacia una ecología del conocimiento

(Pablo Chiuminatto)

Una verdadera clase magistral, visual y provocadora, fue la de Pablo Chiuminatto, donde mezcló educación, producción de conocimiento y ecología de formas poco vistas en Chile, y que aportan una mirada diferente a varios temas que hoy están sobre el tapete (como la reforma educacional). Pablo Chiuminatto nos introdujo así al tema desde la urgencia real que ha implicado una nueva relación con lo que conocemos por ecología, a través de nuevas prácticas, como por ejemplo, reciclar. Sin embargo, muchas veces olvidamos que la “crisis ecológica” implica también, y por sobre todo, una nueva forma de relacionarnos con el conocimiento y su producción. Nos mostró, a modo de ejemplo, dos mapas del mundo, uno que es el que nosotros, en Chile, estamos acostumbrados a ver, y otro, usado en países como Australia o China, donde al centro está el Océano Pacífico. Nos mostró también el abecedario y nos desafió no a decirlo de memoria como aprendimos en el colegio, sino que a decirlo al revés. ¿Por qué no podemos hacerlo? Porque es muy difícil mirar las cosas desde otro punto de vista, pensar de otros modos. La fuerza del conocimiento aprendido es muy potente y en Chile no se considera un “valor” el pensar de otra manera.

A Chiuminatto le preocupaba por sobre todo un mensaje que llamó “depresivo” sobre las nuevas tecnologías y la “cultura” en Chile, donde se nos repite una y otra vez que los chilenos no sabemos leer, no entendemos lo que leemos, no leemos, y en el fondo, estaríamos sumergidos en un mar de ignorancia y poca (y baja) “cultura”. Pero, ¿de dónde viene ese mensaje? ¿Qué se entiende por “leer” y por “cultura” cuando se nos presenta así? ¿Lo repetirán hasta que lo creamos? Porque escribir y leer no son las únicas formas de conocer, ni se practican de una única forma. Cabe destacar que fue un momento cultural específico donde se volvieron centrales, pero no son las únicas formas de conocer. La tecnología, de acuerdo a Chiuminatto, habría que entenderla como un flujo, vivimos en constante cambio tecnológico, desde que existimos. En este sentido, entender la cultura y el conocimiento como algo estático y fijo, y a quienes no participan de este entendimiento como ignorantes, es autoritario y elitista. Lo que habría que enseñarles hoy a los niños es a vivir en un mundo donde la información siempre será excesiva y lo que hay que hacer es aprender a “programar la ignorancia”. El conocimiento genera ignorancia, es como la comida, no podemos comerlo todo. Así, lo permanente es el cambio, cada vez más rápido. El lápiz, el papel, el libro y hoy los tablets son todas tecnologías. ¿Por qué leer el diario o un libro en el metro sería más “culto” y lejano de la enajenación que ir mirando nuestros celulares? ¿Cómo podemos decir que nuestros jóvenes no leen o participan, si lo hacen constantemente, claro que multi-modalmente y de una forma diferente?

Para Chiuminatto, el verdadero desastre ecológico se está produciendo porque quienes enseñan en Chile no son capaces de transformar lo que ellos entienden que entienden los más jóvenes. Jóvenes que leen de otras formas, que usan imágenes, editan, comparten.

En Chile nunca ha habido más personas que sepan leer y escribir. El problema es qué quiere decir qué es leer y escribir en un mundo donde esto ya no se puede controlar.

Colombina Schaeffer, verdeseante, candidata a doctor en Gobierno y Relaciones Internacionales

2. ¿El Arte es Política?

(Chantal Mouffe conversa con Pablo Oyarzún)

“No space for TINA”. Así resumiría la conversación entre Mouffe y Oyarzún. “TINA” es la contracción de la frase “There Is No Alternative” (no hay alternativa), que caracteriza a la política del conformismo. El filósofo le pidió a la politóloga que resumiera las ideas de su planteamiento político, aquellas que sientan las bases para entender por qué el arte es política. Mouffe se paseó por los conceptos de antagonismo, hegemonía, contingencia y la centralidad de los afectos en la construcción de las identidades colectivas que constituyen, en última instancia, lo político. Siendo “lo” político aquello que se hace en el vivir colectivo -a diferencia de “la” política como institución que busca administrar ordenes hegemónicos-, no hay arte que no sea político. El arte forma parte fundamental de una democracia vital pues contribuye a la formación de identidades y afectos colectivos. Vinculado a pasiones y sentidos comunes, a lo i-lógico e i-racional incluso, el arte tiene la capacidad de alimentar la apertura hacia la construcción de alternativas políticas. Asimismo, el arte que no alimenta alternativas, es altamente político también. Por supuesto, en lo político y en el arte de la Mouffe, no hay espacio para “TINA”.

Patricia Junge, verdeseante, candidata a doctor en Antropología.

Sobre Chantal Mouffe:

  • Analizó sus trabajos previos, específicamente Hegemonía y Estrategia Socialista y realizó autocrítica como también planteamientos para la actualidad.
  • Distingue entre lo político (refiriéndose a sus libros El Retorno de lo Político y En torno a lo Político) y la política. Lo político es antagonismo, relaciones conflictivas, donde hay incapacidad de erradicar los antagonismos, mientras que la política trata de establecer orden y organizar la co-existencia humana.
  • Habló sobre la dimensión de los afectos. Esto me pareció interesante que cataloga las pasiones como identidad política colectiva mientras las emociones son individuales.
  • Finalmente se centró en arte como político y que debe ser crítico, debe ser praxis.

Nina Radovic, verdeseante, candidata a doctor en Estudios Americanos.

3. Esperanza y desesperanza. De la realidad a la ficción y de vuelta a la realidad

(David Grossman conversando con Arturo Fontaine)

No es fácil escuchar a David Grossman, escritor consagrado cuyos libros se mueven alrededor del duelo, la arbitrariedad, la guerra y la muerte. Y es que el mismo escritor israelí perdió a su hijo en la guerra. Hay algo genuino y potente en este escritor capaz de encarnar, ahí mismo, en la conversación, a sus personajes, que logra helar la sangre de quienes lo escuchamos.

La pregunta que abrió la conversación fue por el “movimiento”. Y es que los personajes de Grossman en sus libros se mueven sin cesar. Caminan y caminan. Para Grossman el movimiento es una forma de reformularse a uno mismo. Ante la arbitrariedad (en este caso, la muerte, la guerra, el Holocausto), el individuo queda paralizado, no se puede mover, está parado y de cierta forma definido por la arbitrariedad. La pregunta de Grossman entonces es: ¿cómo podemos ser y vivir de una manera diferente, como podemos reformular aquello que es arbitrario (y muchas veces irreversible) y ganar así libertad, no ser solo una víctima de las circunstancias? Por eso, para Grossman, el movimiento es clave, uno que es real y concreto (personajes que caminan, aunque sea en círculos) y también simbólico, en el plano del lenguaje, donde podemos encontrar las palabras adecuadas para cada situación. Le podemos dar a la arbitrariedad nuestras propias palabras, nos podemos mover y así recuperarnos a nosotros mismos. ¿Cómo olvidar sin matar aquello que olvidamos, mientras recordamos sin morir por aquello que añoramos? Grossman se mueve en el ámbito del lenguaje, porque si bien éste siempre tiene una dimensión instrumental y de manipulación, también nos permite claridad (nombrar las cosas por su nombre, a través de nuestras palabras), a la vez que capas y matices. El poder de la escritura, y del escritor, radica también en que permite estar abierto, de nuevo, a más posibilidades, al mundo por descubrir, uno no fijo y establecido todavía. Escribir como la posibilidad de estar abierto a nuevas posibilidades, a ser alguien diferente, y darnos cuenta que incluso el más terrible personaje que podamos crear podríamos ser nosotros mismos.

Colombina Schaeffer, verdeseante, candidata a doctor en Gobierno y Relaciones Internacionales

4. El Estado de la Naturaleza

(Bruno Latour)

Convencida de la importancia de mostrarles a los hijos lo que uno hace, pedí a mis niños de 12 y 17 años que me acompañaran cuando fui a la charla de Bruno Latour. Mi hijo de 12 era tal vez uno de los más jóvenes en la audiencia y se las arregló a duras penas con la traducción simultánea. “¿Qué entendiste de la charla?”, le preguntamos al final. “Que hay una crisis climática y no nos podemos hacer los tontos”, me respondió. Efectivamente, Latour usó varios ejemplos audiovisuales para criticar la mirada moderna, tan focalizada en mirar de frente el pasado del cual escapa que deja de ver el futuro y se espanta cuando lo descubre (a sus espaldas) lleno de controversias y peligros. En ese sentido, imposible hacerse más los tontos, y totalmente necesario hacerse cargo de mirar y actuar diferente ante la(s) crisis de sustentabilidad socioambiental que ocupa(n) el presente y el futuro. A mi hija, dedicada a las artes escénicas, le gustó el ejemplo de la obra Gaia Global Circus, donde la escenografía móvil y fluida, sorprende de manera impredecible y así actúa junto con el elenco teatral. Igualmente, para Latour la naturaleza no es escenario inerte del vivir humano, sino un(a) actor(a) más del vivir el espacio humano.

Patricia Junge, verdeseante, candidata a doctor en Antropología.

 Latour insistió en lo siguiente:

  • Nature has changed its status, it is no longer outside and neither is it inside.
  • “The question will become how to represent the geopolitical conflicts among ecosystems” and “how we represent to ourselves those ecosystems fighting one another”
  • Nos llama a crear una geostory (proveniente del Geological History de Dipesh Chakrabarty)
  • De tomar nota que la producción de la ciencia esta en lugares locales y la naturaleza como political reserve.
  • Qué espacios habita el conocimiento, lo local, lo exterior. Me parece interesante dentro de la época antropocena.

Nina Radovic, verdeseante, candidata a doctor en Estudios Americanos.

5. Epopeya de las comidas y las bebidas de Chile

(Colectivo PEBRE, Marcelo Cicali, Patricio Fernández, Pilar Hurtado, Juan Pablo Mellado; Boris Quercía y Gonzalo Henríquez)

La descripción de esta charla/evento no dejaba muy claro en qué se estaba metiendo uno al asistir, pero el solo título evocaba algo al menos sabroso, y la sola idea de hablar de comida, epopeyas y poesía parecía prometedora. Y lo fue. Luego de mostrarnos un documental sobre lo que hace el colectivo PEBRE, Patricio Fernández introdujo un tema poco tratado, pero cada vez más presente en Chile: la comida chilena. Y es importante destacar “chilena”, porque si bien la “comida” es cada vez más tema, poco hablamos de “nuestra” cocina.

Patricio Fernández abrió el piso haciéndonos presente el espacio donde estábamos dispuestos. Un lugar que al parecer fue una comisaría y que se había quemado. Y cómo, ahora, éramos congregados para hablar de comida (y comer), para crear. Y es que como la razón no todo lo puede, la comida podría ser entendida como otro lenguaje, uno colectivo que curiosamente muchas veces surge, en sus formas más creativas, de la pobreza y no la riqueza. Una observación muy interesante de Fernández y que sentó las bases para lo que siguió de la conversación fue el hecho de que en Chile se suele distinguir entre comida de “ricos” y de “pobres”. De hecho, Chile no se presenta con sus platos al mundo. ¿Cuándo se ha visto que en La Moneda sirvan a autoridades políticas de paso por nuestro territorio charquicán, por ejemplo? Para Fernández ésta no solo sería otra forma de clasismo, sino que también de no reconocer lo que llamó el “saber del pueblo”, de la gente común y corriente, ya que siempre andamos buscando en otros lugares la “buena” comida, donde “otros” que sabrían más. La cocina, a su parecer, también estaría ligada a la memoria, una memoria diferente eso sí, que se expresa de otra forma, algo que en Chile, también nos cuesta.

La intervención de Fernández dio pie a una interesante conversación entre representantes del Colectivo PEBRE, Marcelo Cicali (del Liguria y también miembro de PEBRE) sobre la cocina chilena, dando pie a varias preguntas. ¿Qué nos dice de nuestra identidad la cocina que tenemos? ¿Cómo es la cocina chilena? ¿Qué la define? Para Cicali la comida chilena sería simple y profunda, y estaría definida por el caldero y el sofrito con que se inicia toda preparación. Para él la comida estaría marcada por la territorialidad, estacionalidad y el tiempo, en el sentido de la preparación. Juan Pablo Mellado, en cambio, hizo hincapié en que la comida chilena sería más bien conceptual. Así, habría comida de “fuente de soda”, por ejemplo, donde nos encontramos con sabrosos “híbridos”, creaciones chilenas, que toman algo de EE.UU. como la hamburguesa y la combinan con gastronomía francesa y alemana y aparece, así, el famoso sándwich a la chilena.

Incluso espacio para hablar de política hubo, cuando Fernández preguntó a los de PEBRE si había un objetivo político en la organización. Del público alguien protestó contra la Ley de Pesca, y le dieron la palabra. De PEBRE explicaron que lo de ellos era político, pero de otra forma, es decir, desde lo local y los territorios, trabajando con pescadores artesanales, por ejemplo. PEBRE sería también un intento por entender que la comida y cocinar no es un “pérdida de tiempo”, sino que tiempo en común. Para ellos, la comida chilena puede venir al rescate nuestro (y no al revés), en el sentido de conectarnos con raíces y presentes que se nos escapan y hacen falta.

La conversación terminó con una sorprendente performance de Boris Quercía, quien declamó poemas de Pablo de Rokha, musicalizado por Gonzalo Henríquez.

Colombina Schaeffer, verdeseante, candidata a doctor en Gobierno y Relaciones Internacionales.

En Verdeseo queremos celebrar este encuentro como una invitación a repensar y descentralizar nuestra experiencia de lo que es el conocimiento, revitalizar espacios públicos que aún emblemáticos son muchas veces postergados; y también repensarnos a nosotros mismos en relación al espacio, las tradiciones y lo que nos rodea. Si se perdió el Festival, o no pudo ir a alguna de las actividades que quería, puede encontrar videos de las presentaciones aquí, acá o allá.

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