Verdeseo

Epistemologías polares


por Thorbjørn Riise Haagensen

Thorbjørn Riise Haagensen

Si bien una epistemología polar se alineará sin dificultades con una mirada ambientalista y verde en el sentido tradicional, lo particular de ella está en mirar desde dos rincones del planeta (el Ártico y la Antártica) donde la vida humana es la excepción en lugar de la regla.   

El reconocido pensador portugués Boaventura de Sousa Santos ha acuñado la expresión “epistemologías del sur”,  por oposición a las “epistemologías del norte”, para referirse a las maneras de conocer y comprender del mundo que surgen fuera del paradigma occidental eurocéntrico. Contra las epistemologías del norte, que han sido tradicionalmente dualistas, racionalistas y reduccionistas en su examen de la realidad, las epistemologías del sur plantean una mirada alternativa más holista e integradora, menos dicotómica y simplificadora. De Sousa Santos ejemplifica esta diferencia contrastando el Foro Económico Mundial de Davos con el Foro Social Mundial: mientras en el primero se juntan los principales poderes capitalistas del mundo a ver cómo parchar las fallas de este sistema para que continúe rigiendo las leyes de la economía a nivel mundial, en el segundo se reúnen aquellos que ven en el capitalismo deficiencias estructurales e imaginan una sociedad mundial regida por otras leyes, pluralista y heterogénea en sus principios y sin temor a la diferencia.

El desarrollo del concepto de “epistemologías del sur”, principalmente en manos de intelectuales latinoamericanos, africanos y asiáticos, es loable y ha sido un importante contrapeso al paradigma eurocéntrico predominante durante siglos. Que hoy sean tema los derechos de las mujeres, de los discapacitados, de los niños, de los pueblos indígenas y de tantos otros que fueron hasta hace poco invisibilizados está relacionado sin duda con esta crítica a la mirada única del modelo occidental. En esta columna, sin embargo, me gustaría sugerir que es quizás hora de moverse hacia otra epistemología aun: una “epistemología polar”. Lo que sigue son ideas apenas fraguadas y que todavía necesitan desarrollarse, pero al menos como esbozo pueden ser útiles para imaginar la alternativa a la que me refiero.

Aunque opuestas en los sentidos expuestos arriba, las epistemologías del norte y del sur comparten un antropocentrismo que ya se ha mostrado a todas luces insuficiente cuando se trata de enfrentar los desafíos del cambio climático, la crisis de la biodiversidad, el empeoramiento de la calidad del aire y del agua y cuanto otro problema ambiental al que nos vemos enfrentados. Cuando se parte de la centralidad del ser humano y se ve a todo lo demás girando en torno a aquél, no pueden esperarse sino soluciones parche a los problemas globales que nos aquejan – tal como en Davos se buscan soluciones parche a los hoyos que va dejando el capitalismo. Incluso cuando se parte desde la mirada “del sur”, atenta a la pobreza y desigualdad social, y a la discriminación por color, sexo, edad o capacidades, el eje seguimos siendo nosotros y sólo subsidiariamente aquéllos y aquello que nos rodea. Una mirada “polar”, en cambio, tendría la virtud de sacar al ser humano del centro de nuestro universo epistemológico, colocando al planeta entero como protagonista y a nosotros como sus habitantes responsables. Esto ya lo ha dicho y repetido el pensamiento verde y ambientalista, dirán algunos: ¿qué agrega de nuevo entonces esta epistemología polar?

Si bien una epistemología polar se alineará sin dificultades con una mirada ambientalista y verde en el sentido tradicional, lo particular de ella está en mirar desde dos rincones del planeta (el Ártico y la Antártica) donde la vida humana es la excepción en lugar de la regla. Mirar desde los polos es mirar desde lo poco que nos va quedando de naturaleza no intervenida. Es mirar desde la comprensión de que las personas no necesariamente debemos colonizarlo todo. Es mirar abierto a la posibilidad de flexibilizar conceptos rígidos como “soberanía” y “propiedad”, y dejar a un lado la obsesión humana de ocupar para reinar. Tras más de dos milenios mirando desde el ombligo, nadie dice que sea fácil comenzar a mirar desde el extremo. Pero vale la pena intentarlo, sobre todo cuando se hace claro que las otras miradas han resultado insuficientes.

Por Alejandra Mancilla

http://alejandramancilla.wordpress.com

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