Finlandia más allá de la educación


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Imagen: Centro de Políticas Públicas UC

Los artífices de la reforma educacional y legisladores que decidirán su aprobación deberían ver en Finlandia no sólo un modelo en esta materia, sino más bien un ideal de cómo debiera ser la sociedad desarrollada a la que aspiramos como país.

Se ha vuelto algo molesta esa majadera insistencia de políticos, educadores y medios masivos de mirar el sistema educacional de Finlandia como un paradigma. Que en Finlandia el sistema educacional es casi 100% público, que los hijos de los ministros van al mismo colegio que los hijos de los inmigrantes, que el sueldo de los profesores supera con creces el de los nuestros, que no hay más de 20 alumnos por sala de clases, que los estudiantes hablan más de un idioma. Y más, mucho más. Todo eso es cierto, sin duda, pero nuestros legisladores y el puñado de expertos en materia de educación que ha aparecido desde que Bachelet anunció la reforma olvidan que ese país no es sólo un modelo en materia educativa: es el ejemplo de sociedad que debiéramos seguir.

Vayamos a las cifras. Con una población de 5,4 millones de personas, el producto interno bruto per cápita de Finlandia rasguña los US$ 50 mil, o sea, más del doble del chileno. Su inflación es del orden del 1,8% mientras que la nuestra sobrepasa el 5%. Aún más. En este país europeo hay 3,3 médicos por cada mil habitantes (datos de la OCDE) y en nuestro país apenas 1,7 profesionales de este tipo. La opinión pública lo agradece, pues el 88% de los finlandeses ha dicho estar satisfecho con la atención en los hospitales según un estudio de la Unión Europea.

Estas pocas cifras son una pequeña muestra del éxito de este país que entre otros grandes logros históricos tiene el haber sido la primera nación en aprobar el voto universal hace más de 100 años.

Es importante aprender de los mejores. Mal que mal el hombre “hace sus primeros pasos en el aprendizaje mediante imitación”, como nos explica Aristóteles en su famosa Poética. Sin embargo, más que reproducir a la chilena el sistema educacional finlandés habría que  imitar también a su sociedad.

En noviembre pasado, por ejemplo, el parlamento de ese país se mostró de acuerdo en aprobar el matrimonio igualitario. Un hecho que el primer ministro, el centroderechista Alexander Subb valoró, para sorpresa de nuestros políticos de derecha. “Finlandia debería esforzarse por ser una sociedad en donde la discriminación no exista, donde los derechos humanos sean respetados y donde dos adultos puedan casarse sin considerar su orientación sexual”.

Finlandia es un país en donde el Estado y las instituciones funcionan de verdad. Junto con Dinamarca y Nueva Zelandia lidera el último índice de transparencia en el mundo, lo que es lo mismo decir que es el país menos corrupto del orbe. A nivel local (Chile se ubica en el lugar 21) estamos lejos, lejísimos de alcanzar la sintonía finlandesa.

A días de que un diputado de la UDI pidiera con descaro un minuto de silencio por los ocho años de la muerte del dictador Augusto Pinochet, su gesto me hace pensar en lo mucho que aún nos queda por ser como el país nórdico. Y es que de poco servirá una reforma educacional a la finlandesa, cuando el resto de nuestro sistema sigue estando en deuda con las urgencias de la sociedad.

Carlos Oliva Vega

Poeta y periodista

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