¿Vaquillas Rumbo a China?


A propósito de una noticia publicada en el Diario Financiero donde se da cuenta del arribo de vaquillas chilenas a China para producir leche en ese territorio, comparto la Carta al Director publicada por Verdeseo en La Tercera cuando se anunció este envío. Los dejo también con una columna de Peter Hartmann en El Divisadero donde desmadeja y explica mejor por qué la práctica de exportar nuestros recursos naturales de la forma en que lo venimos haciendo es insustentable ambiental, social y económicamente y no promueve el desarrollo de los territorios y regiones.

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Más de 7.000 vacas chilenas llegan a China en el primer embarque de ganado a ese país

Este envío es el primero de vacuno vivo que Chile, que ya exportaba vino, fruta y pescado, realiza a la potencia asiática.

Seguir leyendo noticia (Diario Financiero)

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Carta al Director
La Tercera

“Vaquillas rumbo a China”
6 de enero 2015

Señor director:

Al menos sorpresa genera la noticia de hace algunos días titulada “Vaquillas Rumbo a China”. Se puede interpretar como una buena noticia en torno a la diversificación de nuestra economía. Sin embargo, exportar vaquillas que literalmente cruzarán el mar para producir leche en China no es exactamente pasar de un modelo de explotación de materias primas a uno industrial o de servicios. Es, en rigor, un retroceso. Hasta antes de los barcos con frigoríficos en su interior, la exportación de ganado vivo fue una práctica que se dejó hace varias décadas. Más allá de estas aprehensiones, hay dos que merecen ser resaltadas.

En primer lugar, Chile no es el primer país que exporta ganado vivo. Australia es el más grande exportador de ovejas y ganado del mundo. En 2012, 2.44 millones de ovejas fueron exportadas a mercados asiáticos y de Medio Oriente. Este número, en todo caso, se ha reducido y una de las razones se refiere al creciente escrutinio por parte de organizaciones interesadas en el bienestar animal, los medios de comunicación y el público en general. Así, y luego de un escándalo por las condiciones en que estos animales eran sacrificados en Indonesia, el Ministerio de Agricultura decidió, en 2011, suspender por varias semanas la exportación de ganado vivo y aumentar sus estándares y regulaciones.

Llama la atención que en la nota de prensa no se aluda prácticamente a ninguna regulación internacional, estándares utilizados, ni se especifiquen las medidas que están tomando nuestras autoridades para que situaciones como la australiana no se repitan en nuestro país. Como miembro de la Ocde, cabe preguntarse si Chile sabía, o debía saber, lo que estaba ocurriendo en otras latitudes en relación a la exportación de ganado vivo. Es importante que estemos preparados ante estos eventos en vez de reaccionar a ellos. La segunda aprehensión se refiere al modelo económico que este tipo de intercambios propone, y su sustentabilidad en una era de cambio climático. La exportación de animales vivos obedece a patrones de consumo insostenibles en el tiempo. Es poco eficiente y cuestionable ambiental y éticamente.

Las vaquillas crecen en territorio chileno, con todos los impactos que esto conlleva, para luego ser “aprovechadas” en otro continente. Más de lo mismo, en tanto los costos ambientales se sienten acá, mientras que los beneficios se disfrutan allá. El tema debería dar que hablar.

Colombina Schaeffer
Directora de Verdeseo

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Columna de Peter Hartmann

Ciclos

El Divisadero

Perdonen que en esta ocasión escriba sobre temas más personales, aunque la verdad es que a final de cuentas son harto colectivos también. Eso, aparte que éste escrito será publicado en vísperas de navidad, momento en que vale la pena ponernos mas emotivos y mas reflexivos. A propósito, aprovecho de pedir perdón a todas y todos quienes se puedan haber sentido agredidos alguna vez por mis opiniones y críticas. En todo caso, jamás la intención ha sido esa, sino que la de criticar constructivamente para enmendar rumbo y la de intentar abrir debate. Eso en una sociedad en la cual por desgracia la critica se interpreta como ataque. En todo caso también, como dice una colega, somos de los pocos que dicen las cosas que otros no se atreven o comentan por la espalda, e intentamos de ser coherentes entre lo que decimos y hacemos. Las palabras de nada sirven si no se intenta al menos de dar el ejemplo.

Bueno, pero volvamos al inicio. En estos días y últimas semanas me ha perseguido una extraña sensación un tanto nostálgica de vuelta al pasado, de resurgimiento o renacer de cosas importantes de años atrás, de ciclos.

El miércoles pasado, en esa apertura de exposición de teñido de lanas de Catalina Mekis, me embargó la emoción al recordar aquellos primeros años viviendo en Coyhaique,(donde arribé  hace tres décadas en octubre), años en que estábamos en lo mismo con Magdalena y tantos mas, destacando los esfuerzos de Ana María Alquinta (¡un abrazo a la distancia!). Años en que junto a descubrir ese mágico mundo del artesanado también nos percatamos que de solo lavar y seleccionar la lana acá, ésta se podría vender en mas de cuatro veces su valor. Y tiñéndola, hilándola, tejiéndola, se le agrega sobre ocho veces de valor. Eso por cierto implica trabajo para muchos. Pero la historia por desgracia nos muestra que en el gobierno cívico militar o dictadura  el centro seleccionador de lanas se transformó en gimnasio y que desde entonces lo único que ha cambiado es el surgimiento o aumento exponencial del artesanado en lana regional, gracias al turismo. Mientras, debe ser sobre el 90% de la lana, se exporta hasta con suelo aisenino incorporado (dándole pega a cientos de extranjeros en su manufactura); una brutalidad económica y ecológica a todas vistas. La misma que vender el ganado en pie (tierra y agua aisenina incorporada) a las ferias de Osorno para que allá hagan pingüe negocio (empobreciendo de paso el suelo regional). Para que hablar de que un gran porcentaje de la leche, queso y carne que consumimos en esta región “ganadera” viene de fuera. Para que hablar del famoso sello verde, ambiental y de origen regional, el que sigue esperando algún gobierno que logre entender el sentido de incorporar valor de imagen. Pero bueno, esta claro que estamos en un país minero de economía primaria, que vende hasta el alma en bruto, sin darle empleo digno a sus propios ciudadanos. A propósito: ¿Sabían Uds. que la única manufacturera de cobre nacional, Madeco, quebró hace algún tiempo porque ya anticuada y sin apoyo, no lograba competir con el cobre manufacturado, el mismo que exportamos, en China, Estados Unidos y Europa. ¿Aprenderemos algún día que así jamás saldremos del subdesarrollo ni daremos trabajo a nuestra gente?

Ese mismo miércoles, si no equivoco, mi amiga Karla Rojas, me hacía ver lo lindo que había sido tener en el Encuentro de Turismo Sustentable de Cochrane, de expositores a padre e hijo. Y la verdad es que ha sido bastante increíble y emocionante como Martín, Paz y demás “Mingalegres” han vuelto o seguido en la brecha de la permacultura y tecnologías socialmente apropiadas, abierta con tanto entusiasmo y convicción hace décadas. Y sobre el ciclo del turismo comunitario, ya me referí semanas atrás sobre lo emocionante que había sido de volver al tema.

También me ha ocurrido esta emoción con el montañismo. ¡Vaya que nos costaba tener cordada décadas atrás para salir a escalar! Y ahora hay una verdadera “plaga” de escaladores, entre ellos, mi hijo Martín y Armando Montero, colega arquitecto y compañero de la Catalina de las lanas…Es demasiada la “casualidad”.

Con todo esto, la reflección es que por un lado es lindo ver como lo que empezamos hace tanto tiempo pervive, fructifica, resurge en los hijos, amigos y otras personas. Y por otro, es como para preguntarse que paso en todos esos años en que parece nuestra sociedad y nosotros mismos “estábamos en otra”, dedicados o dando prioridad a otros temas. A lo mejor estábamos esperando que con la vuelta a la democracia íbamos a fortalecer todo eso…y pasó ¡nada! Al contrario, como que la Concertación nos dio la espalda y nos dedicamos a vivir de China & Co. y a profundizar la exportación e importación brutal. O tal vez hemos tenido demasiada defensa de la Reserva de Vida de los mas grandes megaproyectos exóticos y hemos estado dejando de lado nuestro propio ser.

En fin, es como un ciclo de décadas, en que vuelven a resurgir tras el invierno las mismas fuerzas de antaño y esas raíces y semillas de aquel entonces recuperaron fuerza y volvieron a salir a la luz con más ímpetu que antes. ¡Bienvenidas sean!

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