Historia de una escalera


Reflexiones durante el trabajo de campo en el Sur de Chile. Lo que puede parecer un simple objeto, una escalera, se transforma en un elemento reflejo del paisaje extractivo que lo rodea; quién accede a sus bienes, quién recibe sus impactos. Todo esto, atravesado por la historia del Estado de Chile y las historias diarias de sus habitantes.

Han pasado varios meses, pero aún recuerdo el día en que, al fin cesó la lluvia y pudimos salir de la comunidad Mapuche a la que fui a visitar, en el golfo de Arauco. Subí en una camioneta con otros cuatro jóvenes de la zona, todos relacionados y apoyando, de diversas formas, la causa Mapuche por la recuperación de la soberanía de sus usos y tierras ancestrales. En nuestro camino hacia el sur, paramos a recolectar cochayuyo (Durvillaea antarctica) en las costas de Lebu. Como dato contextual, en la encuesta CASEN de 2009, Lebu resultó ser la segunda comuna más pobre de Chile, con un 39% de sus habitantes viviendo en la pobreza.

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Recolección de alga cochayuyo en la Caverna de Benavides, Lebu. La recolección de algas y otros productos del mar y del bosque es parte de la economía local de subsistencia, así como de las actividades comunes y culturales de las comunidades pesqueras, campesinas y Lafkenche-Mapuche del Sur de Chile. Fuente: la autora.

Puesto que ya empezaba a oscurecer, decidí pasar la noche en Cerro Alto, en la comuna de Los Álamos. Mi paso por allá era, en un principio, motivado sólo para pasar la noche, con la intención de salir hacia Cañete en la mañana del día siguiente para continuar con mi trabajo de campo. Sin embargo, esa noche, pude volver a experimentar dos aspectos fundamentales a la hora de estar recorriendo este territorio del sur de Chile. Primero, la hospitalidad. Me recibió la familia de uno de los jóvenes que estaba conmigo en la comunidad, padre ex-minero y madre multi-tarea (tejedora, peluquera, ama de casa, madre y esposa), como la mayoría de mujeres en el territorio. Desde la habitación en la que me hospedaron, junto a la carretera que atraviesa Cerro Alto, sentía como vibraban los vidrios debido el paso constante de camiones cargados de troncos cosechados en las plantaciones de la región, para su transformación en celulosa en la planta de Horcones, propiedad de la empresa Arauco. El otro punto fundamental a la hora de recorrer el sur de Chile, es la percepción constante de desigualdad, que pude conocer de cerca gracias a ser invitada a participar y presenciar la elaboración de la olla común en el Comité de Cesantes de Cerro Alto. A esa historia le dedico esta entrada.

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Camiones cargados con madera para su procesamiento como celulosa o madera aserrada, para su exportación. En mis casi dos años de viajes al sur de Chile para trabajo de campo, creo que es la foto que más veces tengo repetida, en diferentes carreteras de las regiones del Maule, Bío-Bío, Araucanía y Los Ríos. Fuente: la autora.

Cerro Alto, perteneciente a Los Álamos comparte muchas de las características de la provincia de Arauco: plantaciones forestales, cesantía, drogas y evangelismo. Y pobreza. En los últimos 60 años, el área ha transitado desde economías de subsistencia basadas en la minería del carbón y la agricultura a una economía forestal extractiva, en manos de grandes empresas forestales. Las oportunidades laborales en el territorio consisten en trabajos forestales (cuyas condiciones han mejorado en los últimos años, pero empleando mayoritariamente a hombres y con necesidad decreciente de mano de obra) o los proyectos “de emergencia”- trabajos temporales que subsidian a la comunidad y que, según comentaba una dirigenta local “bajan la autoestima de la gente, pagarles por no hacer nada”. En las últimas décadas, las áreas rurales se han vaciado, la gente ha migrado a los centros urbanos, o a Santiago, o las ciudades del norte, donde la extracción del cobre da más dinero.

En Cerro Alto, como en otras zonas que son rodeadas por las casi 3 millones de hectáreas de pino y eucalipto que alimentan a la industria forestal, la vivencia local de desigualdad se ve fortalecida por el hecho de ver cada día, cada hora, pasar camiones cargados de troncos de madera: Arauco ganó 5.146 millones de dólares en 2013. Las mujeres con las que conversé, con suerte, 200 mil pesos al mes, en caso de que reciban uno de los “bonos de emergencia”. “Cada día pasan miles de camiones, con nuestra riqueza y … nosotros con hambre y sin casa” -comenta una de las señoras presentes- “tanta que no nos da ni para que nosotros podamos hacernos con una escalera”, comenta otro de los asistentes.

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La escalera que inspira esta historia. Fuente: la autora.

Ésta es la foto de la nueva escalera del lugar donde durante los últimos cuatro años se ha reunido el Comité de Cesantes de Cerro Alto. La habían colocado el día anterior de mi paso por allá, ya que la anterior había caído debido a las intensas lluvias. Durante varios días, los asistentes accedieron haciendo equilibrismos sobre un palo. Esta escalera es en sí misma la expresión de la experiencia de la desigualdad en Cerro Alto, de pobreza sumergida en un paisaje extractivo: “estamos rodeados de madera, pero hemos necesitado que un concejal nos apoyara con muchos trámites para poder tener acceso a estos 20 palos que forman la escalera”, me explica uno de los presentes.

El comité de cesantes de Cerro Alto, en los Álamos, se venía reuniendo hace cuatro años con la intención de movilizar y formar personas ante la situación crítica de falta de empleo local, con presencia mayoritariamente femenina. En las semanas de junio de 2014 se juntaron más de cien mujeres para poder tener acceso a cupos de trabajo de la municipalidad y organizarse para alimentarse a ellas y algunos de sus hijos e hijas. Consiguieron acceso a unas bolsas de mercadería, unos pañales y atención médica para las que estaban enfermas. Pero no era sólo esperar. También y por primera vez para muchas de ellas, se animaron a cortar la carretera, haciendo visible su desesperación y con la esperanza de llamar la atención a los recientemente instaurados gobiernos en Chile, supuestamente socialistas, con la llegada de Michele Bachelet en marzo de 2014. Algunas mujeres, además, planean armar una cooperativa de costura o de reciclaje de residuos.

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La olla común, en el Comité. Fuente: la autora.

Conversando con varias personas presentes en el centro social, es fácil darse cuenta de que esta no es “sólo” una lucha puntual por un trabajo digno o petición de “limosnas” a la industria forestal. La cuestión de clase, la desigualdad económica y social, el miedo, se expresan en presente de primera persona, aquí y ahora, pero también desde el pasado propio y de padres, madres, abuelos y abuelas durante la dictadura de Pinochet. En su texto “Chile actual: anatomía de un mito“, Tomás Moulian explica cómo el Chile actual hereda y reproduce ahora, en su economía, política y desarrollo, las herencias de la “revolución capitalista” que se instauró con la dictadura de Pinochet.

Uno de los proyectos políticos de la dictadura fue el desarrollo forestal en el sur de Chile, y su relación en el tiempo, en los modos y en los impactos socio-ambientales, económicos, colectivos e individuales, se hizo patente en la historia de esta escalera: historias de padres desaparecidos, madres militantes, recuerdos de las ocupaciones de terrenos, jóvenes que en la actualidad o bien migran a trabajar a las minas del norte o se evaden en las drogas, hijas cuyos padres trabajadores forestales siempre estaban ausentes de las casas… juntaron todo eso en cada uno de los peldaños de esa escalera. En cada una de las fibras vegetales que después de crecer durante 8 o 10 años, en vez de exportarse a Japón o China, sirvieron para esta historia y la de todas las personas que en el Comité se reunieron y se reúnen en búsqueda de recuperar, de a poquito, la autonomía y soberanía de sus propias vidas.

Pueden leer este post en inglés aquí. You can read this post in English here.

Marien González-Hidalgo, investigadora de la Universidad de Chile y de la Red Europea de Ecología Política (ENTITLE, ver www.politicalecology.eu). La investigación para este artículo contó con el apoyo del Programa Marie Curie de la Unión Europea. Para más información: mariengonzalez@uchilefau.cl

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